lunes, 30 de noviembre de 2015

15 años de Patrimonio, unos cuantos menos de sentidiño

Quince años hace ya que la Muralla fue declarada Patrimonio de la Humanidad tras un arduo trabajo realizado por muchas instituciones y encabezado por el entonces alcalde Joaquín García Díez.

Una de las anécdotas que cuenta Joaquín (nota, una anécdota es un hecho curioso, y aunque habitualmente todo el mundo se espera que sea graciosa no necesariamente ha de serlo, como en este caso) es que una persona que tenía un importante cargo le preguntó “¿Y para qué tanta historia con lo de declarar la Muralla Patrimonio de la Humanidad si eso no da dinero, que no hay subvenciones ni nada?”. Ya ven.

Pues a lo que iba, hoy se celebra nuestro 15º cumpleaños como bien mundial, y a la lista encima podemos añadir más recientemente el Camino Primitivo de Santiago y la Catedral de Lugo. Pocas ciudades cuentan con tres bienes en ese prestigioso listado y a veces parece que no somos conscientes de la importancia que esto tiene, o puede tener.

Por ejemplo, es una tristeza que tras dos años y pico intentándolo, sigamos sin una señal en la autovía A6 que indique que en Lugo existe una Muralla Romana Patrimonio de la Humanidad. El desinterés municipal, que ni siquiera se molestó en solicitarlo, y la lentitud burocrática de las administraciones autonómica y estatal, hacen que podamos informarnos puntualmente de que hay un monasterio en Sobrado dos Monxes pero pasemos de largo la ciudad de la muralla romana porque nadie nos dice que aquí hay lo que hay.

Imaginen la de turismo “puntual” que se pierde porque atraviesa la autovía alegremente, buscando dónde parar para hacer un alto, sin desviarse a Lugo porque “no hay nada interesante, que si no lo pondrían”. Desde que logramos que entren aquí, les garantizo que repiten porque Lugo suele gustar mucho.

Son cosas que esta ciudad debería dar por sentadas. La señalización, el cuidado de los monumentos, unos horarios razonables en las oficinas destinadas a dar la bienvenida a los turistas, campañas que den a conocer nuestros encantos fuera de la ciudad y no dentro de ella como es habitual… ¡Hay tantas cosas que son lógicas y que no se hacen!

La declaración de la Muralla sirvió como revulsivo de una conciencia colectiva que ya estaba más espabilada tras la peatonalización del casco histórico, pero fue como cuando un perro que oye un ruido mientras duerme levanta la cabeza rápidamente. Luego la vuelve a bajar si no hay nada que lo mantenga despierto.

Necesitamos un liderazgo en la ciudad que no tenemos. Desde hace tres lustros Lugo está descabezado, y tirando dinero en chorradas que no sirven absolutamente para nada.

Eso sí, felicito a los que pensaron en lo de los farolillos en la Muralla porque fue precioso. La foto es fantástica. El problema es que de una foto no se vive, es necesario mucho más.

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