miércoles, 18 de noviembre de 2015

Soy Ciudadano Europeo

Llevo dos días sin escribir el blog porque he estado fuera, y se agradecen las llamadas para preguntar si todo está bien. Sí, lo está. Bueno, lo está en lo que se refiere a mi persona. No tanto la situación que hay en el mundo desde el viernes. Hablo por supuesto de París.

La Historia está plagada de hitos, y a la prensa le encanta forjar nuevos “antes y después”. Es probable que el mundo haya cambiado con momentos puntuales que impresionaron tanto a la humanidad que modificaron el rumbo de la Historia: la invención de la imprenta, la revolución francesa, la batalla de Waterloo, la electricidad, el comunismo, las guerras mundiales, el atentado contra las Torres Gemelas…
París, capital del mundo estos días

Evidentemente es un poco presuntuoso pensar que está en manos de unos pocos modificar el futuro de la humanidad pero es totalmente cierto. Si Fleming no hubiera descubierto la penicilina el mundo habría sido muy distinto y quizás Hitler no habría sobrevivido cuando fue herido en la I Guerra Mundial. Quizás también habría sucumbido Churchill a alguna enfermedad así que nunca sabremos qué pasaría en esos escenarios de historia-ficción.

París ha sido atacado y durante estos días he tenido poco tiempo de andar por el Facebook leyendo opiniones y tonterías, que de todo hay. Entre las segundas está un artículo bastante compartido de por qué es una barbaridad poner en tu foto de perfil un filtro que te convierte en una bandera francesa con patas. La tesis viene a decir que solidarizarse con Francia cuando no lo hicimos con otros países (la primera persona es porque yo sí he aplicado el filtro) es una barbaridad porque igual vale un muerto que otro.

Estoy de acuerdo con lo último. Claro que las vidas son vidas estén donde estén, pero lo que hay que entender es que nuestra identificación con Francia es la misma que hacemos cuando el Telediario nos dice que hay tres víctimas españolas, la que te hace pensar que todos somos carne de cañón en esta guerra en que en lugar de trincheras los muertos están en las terrazas, las discotecas, los conciertos o los trenes.

Esa reacción de poner en duda que nos estén atacando como civilización es muy española. Mientras los franceses salen cantando La Marsellesa cuando los desalojan de un estadio por amenaza terrorista, en España estaríamos criticando al Gobierno por su falta de previsión. Aquí ya ha pasado. Lo que en otras tierras forja una unidad monolítica y convierte a los pueblos en una nación casi invencible en España se transforma en una pérdida inútil de tiempo y en una competición para arañar unos votos. Es nuestra idiosincrasia.

El respeto absoluto que me merece François Hollande, que sin esconderse ha pegado un puñetazo en la mesa y ha dicho “hasta aquí”, desatando la ira de su pueblo en forma de ataque militar, se echa de menos en España donde las medias tintas y los traumas mal disimulados nos hacen entender mal la democracia y la fuerza, como si fueran incompatibles.

Soy ciudadano romano
En la antigua Roma un ciudadano del imperio podía ir tranquilamente por el mundo conocido sin más protección que la frase “Civis romanus sum”; “Soy ciudadano romano”. Esa protección se entendía como que poner una mano sobre esa persona desataría una venganza tan atroz, desproporcionada y virulenta del Imperio que nadie osaba tentar a la suerte.

París ha reaccionado igual. Supongo que los ataques de Francia han matado mujeres y niños, inocentes, ancianos… La guerra es lo que tiene, y me sorprende que las víctimas del bando contrario sean más lloradas por algunos en nuestra tierra que las propias. Sería como recordar a los inocentes que murieron en el asalto contra el Berlín de Hitler, una cuestión que, siendo totalmente cierta, es algo inevitable.

Los pueblos comparten cierta vergonzosa responsabilidad con sus líderes, ya que son ellos los que de una forma u otra los aúpan al poder. Nadie gobierna un Estado sin un mínimo apoyo, porque si se basa en el ejército al menos el ejército le apuntala.Y también hay que conocer la diferencia entre el pacifismo y el borreguismo. No somos corderos en la cola del matadero para que nos vayan liquidando según les vaya apeteciendo, somos seres humanos que como escribió Shakesperare "¿Si nos envenenáis no morimos? ¿Si nos hacéis daño, no nos vengaremos?"

Esto es muy duro. Asumir que estamos en guerra y que durante un conflicto bélico las cosas cambian y los valores se trastocan es difícil de interiorizar. Sacrificar una parte de la libertad que disfrutamos a cambio de la seguridad es peligroso porque en eso se basaron prácticamente todos los dictadores de la Historia, pero vivir con miedo a que un desgraciado creyendo actuar en nombre de un Dios terrible te ponga una bomba o se lleve por delante a tu hermana que vive en Madrid, justifica cosas que no imaginaríamos, entre ellas que se tomen las medidas necesarias para garantizarnos una seguridad que dábamos por sentada.

El mundo está cambiando y quizás no en la buena dirección. "Soy Ciudadano Europeo" debería ser sinónimo de civilización, respeto, democracia, tolerancia... pero quizás también nos veremos obligados a que sea una sutil y velada amenaza. Si no nos quieren al menos que nos teman. Nunca pensé que escribiría algo así.

3 comentarios:

  1. Queda raro comentarse a sí mismo pero un cultísimo lector me ha recordado que la Penicilina se inventó en 1923 con lo que malamente habría podido influir en la salvación de Hitler. Era un decir, un ejemplo, pero lo anoto para que nadie piense que no hago caso de las críticas que, con gran acierto, me hacen algunos lectores.

    Gracias ;)

    Luis

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  2. Respuestas
    1. Muchas gracias :)

      La verdad es que este artículo no me pega nada pero las circunstancias son las que son...

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