jueves, 23 de marzo de 2017

Publicidad enfrentada

Chocante la combinación de causas enfrentadas. Defender a la mujer y al tiempo usarla como un trozo de carne.
 
Lugo lleva años esperando la reforma de la ordenanza de publicidad. Se ve que la cosa va para largo porque el borrador inicial era un disparate que consideraba, para que se hagan a la idea, que tenía que regular cualquier publicidad que fuera visible desde la vía pública.

Esto nos podría llevar a que te sancionen por vestir con una camiseta de propaganda, o incluso una en que se vea el logo de la marca (que por cierto cada vez suelen hacer más grandes y ostentosos por razones que se me escapan como cliente). También podrían multarte si no tienes permiso para serigrafiar tu furgón de trabajo con el rótulo de “fontanería López” o sancionarte por no haber pedido licencia para colocar en la pared de tu casa un letrero antiguo de Cocacola si abres las cortinas y se ve desde la acera de abajo, por poner un ejemplo. Son cuestiones disparatadas, obviamente exageradas pero que pueden darse con cierta facilidad en una ciudad en que se denunció a los Reyes Magos por cuestiones de tráfico.

Pero que la regulación del tema es urgente lo hace evidente una de esas coincidencias que son tan sumamente sospechosas que te hacen pensar que no son inocentes. Que el cartel de un club de alterne se sitúe justo al lado de una campaña institucional para ennoblecer la figura de la mujer en Galicia es como mínimo chocante. Me cuesta creer que la persona que estaba colocando los carteles no se diera cuenta de la situación y que, una vez vista, se la hiciera llegar a los responsables de la tontería.

No olvidemos que hablamos de publicidad, donde toda mención es buena aunque sea negativa siguiendo aquella máxima que creo que se atribuye a Oscar Wilde y que reza algo como que “solo hay una cosa peor a que hablen mal de ti, y es que no hablen de ti en absoluto”. Si es así, la campaña tiene éxito porque está siendo comentada en medio Lugo.

Este tipo de temas no debieran ser objeto de una regulación de publicidad, sino algo más serio, tendrían que alterar al público de forma que los anunciantes vieran que no se reciben bien estas cosas. Pero ¿es cierta esa aseveración? ¿De verdad la gente se escandaliza porque anuncien un presunto puticlub al lado de un cartel que defiende a la mujer?

Lamentablemente creo que no. Si bien es cierto que hay personas que ven el asunto como grave, me temo que la mayor parte solo lo consideran algo peculiar, llamativo o incluso gracioso.

Maldita la gracia que nos debería hacer este tipo de “coincidencias” en un mundo en que el usar a las personas como meros objetos sexuales es moneda de cambio corriente. Y que conste que yo no tengo nada contra el sexo, más bien al revés, e incluso defiendo la libertad de una señora para ejercer la prostitución si realmente es lo que desea. La libertad supone que la gente pueda hacer incluso lo que no te gusta.

Pero aquí no se trata de si una mujer tiene derecho a comerciar con su cuerpo, se trata de si es lícito que en un espacio público se anuncie un prostíbulo donde las cosas no son ni tan liberales ni tan abiertas como parece. Esa asquerosa doble moral que nos hace dictar leyes para controlarlo todo pero ni defiende a las mujeres explotadas por mafias ni abre la puerta a una regulación razonable de la profesión más antigua del mundo también permite que se anuncie un local de este tipo junto a una campaña en que se nos intenta convencer de que las mujeres son lo más importante de Galicia.

Nuestra tierra es tradicionalmente matriarcal, pero eso no quiere decir que esté todo hecho ni mucho menos. No me considero feminista ni de lejos, porque no creo en la superioridad de un colectivo sobre otro. Ni las mujeres son mejores que los hombres ni los rubios mejores que los morenos. Todos somos personas y como tales deberíamos aceptar que hay diferencias y similitudes, ventajas e inconvenientes. No hay campañas para defender a los bajitos y compensar sus desventajas frente a los altos, ni puñetera falta que hace.

Sé que hoy estoy siendo un poco contradictorio, pero el matiz es claro: sí a la libertad, no a que se rían en nuestra cara, y más cuando hablamos de un tema tan sensible como la explotación sexual de muchas chicas que no han podido elegir una vida mejor.

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