| Tabaco y terrazas, una combinación difícil que próximamente estará prohibida |
La política, lamentablemente, en ocasiones convierte en hábito decir una cosa y hacer la contraria. No me entiendan mal, no creo que se trate siempre de que haya intención de mentir necesariamente, sino que nuestros gestores consideran que los ciudadanos somos niños que no podemos asumir las, a veces, duras realidades con que se enfrenta el responsable.
Un ejemplo lo tenemos con el asunto del tabaco. Se trata de una sustancia dañina, cancerígena, molesta... y de la que la administración obtiene unos disparatados beneficios de los enormes impuestos que cobra. Hablamos de unos 7.300 millones de euros al año - que yo hay días que no los gano - y que van creciendo cada ejercicio porque, si bien el consumo cae, el tipo impositivo sube y en torno al 80% del precio de la cajetilla va a parar a las arcas del Estado.
Prohibir el tabaco sería como una especie de nueva “ley seca”, y es posible que diera como resultado el nacimiento de una nueva mafia que suministrase a los adictos a la nicotina su dosis… y el Estado perdería unos multimillonarios beneficios, que probablemente es lo que más les interesa, ya sin hablar de cerrar una industria que da de comer a mucha gente.
Pero claro, frente a esa realidad económica está el discurso de que el tabaco es malo, malísimo, y que hay que prohibirlo en casi todas partes para proteger a terceros. Nada que objetar en eso, porque frente a la libertad del fumador está la de los que no fuman (no fumamos, debería decir). Por mucho que se hable de que hay una convivencia ejemplar entre fumadores y no fumadores en espacios compartidos, esto no es cierto.
Hay fumadores educados que se levantan para echar el cigarrillo sin molestar a nadie (a los que la prohibición no les afectaría porque ya lo hacen) y otros que pasan de todo y te echan el humo sin el menor rubor, y mejor no les digas nada porque encima te vienen con el “está permitido, si le molesta cámbiese de mesa”. Habitualmente esa convivencia se basa en que el fumador pasivo se jode y se calla o sí, se cambia de mesa como si la responsabilidad fuera suya.
El fumador debería ser más consciente de que el humo molesta. No se trata de poner en duda su libertad de fumar, que yo apoyo (con ciertas reticencias, eso sí) sino de la de los demás de no respirar su humo. Si afectas a terceros ya no hablamos de ti, o al menos no solamente de ti.
En cuanto a que la hostelería se enfrenta a la ruina si se prohíbe fumar en terrazas, es una sandez como un piano. También decían algunos eso cuando se prohibió fumar en interiores, y no fue así. De hecho es probable que les evitase demandas, ya que si yo no soy fumador y en mi entorno laboral respiro tabaco, como tenga un problema con eso a ver qué juez me niega una indemnización y, aunque a muchos les sorprenda, los camareros son personas y todo.
Lo que supone un problema real es si se permite (como en su día pasaba) fumar en unos locales y no en otros. Ahí sí hay una competencia problemática, casi desleal. De hecho, la norma de “tú sí, tú no” duró unos meses y las costosas reformas que hicieron muchos locales no les valió para nada.
Aquí se plantea prohibir el tabaco en todas las terrazas. Puede que sea una medida un poco exagerada pero tampoco le veo mucha alternativa. Si se da a elegir a los locales todos admitirán tabaco… ¿o no? Habría que probar a ver qué pasa… Cada vez hay más gente que no fuma...
El punto débil de todo esto, desde el punto de vista del empresario, lo veo en cargar al hostelero con la responsabilidad de vigilar y, en su caso, prohibir al cliente fumar. Eso es una fuente de conflictos importante y lo lógico sería que sean las fuerzas públicas las que sancionen al incumplidor, sobre todo cuando se está saltando la norma en un lugar tan obvio como la calle, a la vista de todos.
Probablemente si la gente fuera más educada y tuviera más cuidado a la hora de fumar no habríamos llegado hasta aquí. No se trata ni de ser unos talibanes del antitabaquismo ni de escudarse en “está permitido”. De hecho, creo que ni siquiera la mayoría de los fumadores han generado este problema. Los que conozco son gente normal que evitan que el humo le vaya al vecino, pero todos sabemos que, por desgracia, hay muchos de los otros.
Échenle la culpa a esos.
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