Ayer dediqué un poco habitual artículo (es muy raro que escriba un domingo) a intentar explicar por qué considero que ni la policía ni el Ayuntamiento son culpables de la calamidad de la fuente de San Vicente, un monumento al que tengo un cariño especial por su vinculación con el casco histórico, con la asociación Lugo Monumental que tuve el honor de gestionar un par de años y porque estéticamente siempre me ha parecido que la Plaza del Campo es la que más encanto tiene en toda la ciudad, sobre todo una vez destrozada la plaza de O Cantiño con esa reforma que le hicieron.
Hoy me gustaría insistir en esa idea, la de que echar la culpa a Lara Méndez o a la policía de la barbaridad de la noche del viernes es una tontería de marca mayor… Y no creo que nadie piense que soy parcial para exonerar de culpa a nuestra alcaldesa, a la que critico habitualmente, más que nada porque este blog está enfocado a nivel local.
Lo que sí es cierto es que hay que estar pendientes de lo que pasará a partir de ahora. Me preocupa que nuestro San Vicente esté aparcado en un almacén cogiendo polvo como le pasó a la matrona de la fuente de los leones, que solo se restauró de verdad cuando el tema acabó en el juzgado y hubo denuncias por no cuidar del patrimonio común de los lucenses.
Si no me equivoco la fuente de San Vicente no está protegida como Bien de Interés Cultural (BIC para los amigos), y quizá sería momento de empezar a plantearse si es momento de revisar nuestro listado de monumentos para elevar a las autoridades pertinentes la petición de proteger jurídicamente algunos elementos. Esto le va a dar igual al típico bandarra que está haciendo el ganso y que tira la estatua al suelo, pero nos podría ayudar a que la sanción fuera más dura y se lo haga pensar dos veces, o a conseguir fondos inmediatos para la restauración.
Desde su construcción en 1754 gracias al Obispo Izquierdo, la fuente estuvo prestando un honrado servicio público de abastecimiento de aguas durante más de doscientos años, y solo en los últimos años perdió su función principal porque declararon su agua no potable.
Se dice que el San Vicente de nuestra fuente perdió el dedo de su mano, que apuntaba al cielo, en la II República porque les hacía gracia la idea de ver a un santo con el puño en alto, cual comunista declarado. Hace unos diez años algún predecesor de los desgraciados que el pasado fin de semana la destrozaron, le arrancaron la mano completa que imagino que conservarán como trofeo de su estulticia.
En el año 2007 fue completamente restaurada, aunque sufrió otro ataque con el golpe, suponemos accidental, de un camión que rompió el vaso de la fuente, por lo que la dejadez de los responsables la dejó sin agua durante años.
Quizá la fuente de la Plaza del Campo pueda ser un símbolo del Lugo que está en peligro de extinción. Ese Lugo vilipendiado, violentado, apaleado y despreciado que tenemos que recuperar entre todos antes de que lo perdamos para siempre.
Si estuviera en mi mano animaría a todos los comercios, instituciones y demás a coordinar una gran campaña con la peana vacía de la fuente de San Vicente como símbolo. Una fuente hecha de chocolate en una pastelería, algo hecho con plata en una joyería, un bollo de una panadería, fotografías, grabados, dibujos, carboncillos… hay infinidad de posibilidades y todas con una misma leyenda “Vuelve pronto, Vicente”. Un mensaje de unidad en torno a nuestra fuente, para que no esté “archivada” en cualquier almacén durante años como le pasó a los leones de la Plaza de España, y para que empecemos a tener conciencia de que la piedra se puede pegar con química, pero nadie podrá eliminar las cicatrices de la destrucción que quedará ahí para siempre, como símbolo de la vergonzosa inconsciencia o malicia de quienes no saben divertirse sin hacer daño a nuestra historia.
Lugo necesita sacudirse la indiferencia y quién sabe si éste es un buen momento.














