miércoles, 25 de noviembre de 2015

Y decían que la Diputación era aburrida...

A ver cómo se apañan los del gobierno nacional-socialista de la Diputación para decir que un acuerdo plenario en que se decide que las competencias pasen del equipo de gobierno al propio pleno es un ataque a la democracia.

En la pista número uno: la Diputación de Lugo...
Los del PSOE lo tienen algo más fácil, porque ya estamos acostumbrados a sus piruetas dialécticas, como la de la alcaldesa de Lugo diciendo que es una sucia mentira del PP que van a prorrogar el contrato de la grúa porque “solo lo van a prorrogar tres meses”. Vamos, la vieja cantinela de “la puntita nada más”.

Pero el BNG, que va de coherente por la vida y dice creer en el movimiento asambleario y las decisiones tomadas en comunidad, se verá en figuritas para explicar por qué es malo que decida 25 en vez de 2.

Tampoco es que las matemáticas les ayuden, porque tras pasarse décadas insistiendo en que 11+2 es más que 12, lo cual nadie discute desde el punto de vista aritmético, no pueden tampoco razonar que 10+2 es más que 12+1 ya que ni los antecedentes ni el ábaco les apoyan en semejante tesis. Cosas que pasan.

Ayer Manuel Martínez hizo lo que tenía que hacer, proseguir con su venganza contra el BNG, que los pone moderadamente en su sitio, aunque realmente éste era la oposición. Tengo que confesar que me estoy riendo mucho con todo esto (aunque no tiene maldita la gracia) y que conmigo oigo carcajearse a toda la oposición, pero también a una gran parte del PSOE, incluyendo alguna risotada desde Bruselas, e incluso un sector importante del nacionalismo que está del BNG, la UPG y sus acólitos hasta las narices.

Evidentemente el PP vive horas bajas, aunque día a día parece ir levantando cabeza a medida que lo hace el país. Del verdadero alcance de esa resurrección podremos hablar con firmeza el día 21 de diciembre, cuando sepamos si nos referimos a Lázaro o a un mero zombi que va dando tumbos apoyándose en una muleta más o menos estable.

Pero en Lugo al menos los demás no es que estén para tirar cohetes precisamente. El PSOE, acorralado en el ayuntamiento de la capital por una manada de especies variopintas que no me atrevo a calificar porque me pueden tirar piedras, y aislado en la diputación por uno de sus propios colegas, vive unos momentos de incertidumbre y crisis interna que deja en ropa interior (qué fino me ha salido) a los contrincantes populares. Ver cómo Orozco levanta la voz a la alcaldesa en un foro público o semipúblico como es una reunión de militantes tampoco ayuda a la fe en la estabilidad ni la paz interior, que además de un mantra tibetano es un requisito bastante importante para afrontar una campaña electoral.

Por su parte los nacionalistas, rotos una vez más en los mil pedazos que en su día se unieron en un Bloque y que ahora vuelven a demostrar que no hay una ideología sino un montón de personalismos (lo cual los hace mucho más españoles que la tortilla de patatas, mal que les pese), lo que, en el remoto caso de que puedan movilizar a “sus” votantes les pasará la factura de la Ley D’Hont que es una auténtica faena.

Darío tomando posesión con cara de saber lo que le venía
Foto: La Voz de Galicia

Las carcajadas pueden tornarse en llantos cuando veamos que para todo este circo pagamos una entrada muy cara, en forma de presupuestos provinciales, muy abultados y que sirven para pagar muchos, muchísimos favores y de ahí esa obsesión por una moción de censura que no censuró nada (caso que pasará a los anales de la historia) y que, encima, ni siquiera ha dado como resultado la formación de un gobierno, sino de esa cosa rara que tienen montada y que a los únicos a los que de verdad satisface es a los periodistas, que antes iban a rastras al coñazo que suponen los plenos provinciales y ahora se dan de bofetadas por cubrirlos, porque están más espabilados que con cinco litros de café en vena.

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