lunes, 13 de junio de 2016

Es odio, nada más

Hace poco tiempo dos imbéciles destrozaron una carpa en Barcelona y agredieron a dos chicas cuya gran ofensa, la “provocación” no puesta negra sobre blanco por la dictadura de lo políticamente correcto, era pedir firmas para poner pantallas gigantes para ver a la Selección Española jugar la Eurocopa en la capital del independentismo. Los partidos de fútbol, desde hace años, son clasificados según su nivel de peligrosidad por las agresiones entre los aficionados y que cada vez parecen más habituales.

Ayer un cabrón llevó su odio a los que no son como él a cotas infinitamente más altas y asesinó a 50 personas (más las que fallezcan por sus terribles heridas) en un club gay de Estados Unidos.

Enumerar más casos de este tipo es sencillo. Basta coger la hemeroteca del último mes y veremos altercados y cosas más graves en el día a día de este mundo en que el odio ha sustituido a la buena vecindad desde hace ya tiempo.

No sé si es algo subjetivo, que puede que sea así, pero tengo la impresión de que las cosas van a peor, de que cada día que pasa las cosas se tuercen más y que lo que antes eran diferencias de criterio que acababan en una discusión más o menos subida de tono ahora acaba a cuchilladas.

No puedo saber lo que le pasa por la cabeza a cierta gente cuando hace lo que hace, pero supongo que el buen juicio que pudiera tener se ve nublado por una obsesión, un rencor extremo o una idea fija que puede ser tanto política como religiosa o de cualquier otra índole, porque no se trata tanto de la excusa como del fondo: el odio.

Esa es la cuestión, ese odio, esa exaltación de la diferencia no como algo enriquecedor sino como una piedra que tirarnos a la cabeza unos a otros.

Como liberal creo en la libertad individual y el respeto a la de los demás. Todo lo que reduzca ese principio me parece negativo y cualquier ideología gremial que agrupa a los individuos y los aborrega, privándoles de cualquier rasgo de personalidad y convirtiéndolos en parte de un “nosotros” que se contrapone a un “ellos” es una barbaridad que acaba, en última instancia, haciendo que un descerebrado coja un fusil y se meta a descerrajar tiros al que el líder de turno considere “enemigo”. 

Es odio, nada más. Cualquier otra excusa que se ponga, "son unos fachas", "son unos rojos", "son del Barça", "son moros", "son negros", "son maricones"... es irrelevante. Si la vida del prójimo te molesta, no la mires. Déjalos tranquilos y que ellos te dejen a ti. Y todos felices, pero no, eso no es lo que se vende. Se va hacia la imposición de los prejuicios propios como ideas universales implantadas por quién sabe.

No sé qué mundo estamos haciendo, pero a veces dan ganas de bajarse.

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