miércoles, 15 de enero de 2014

Lo importante no es la rampa

Los reyes magos, muy atentos ellos, me dejaron un calendario de Mafalda la noche del pasado día 5 de enero. Es una forma agradable de empezar el día pasar una página y ver una tira de Quino, que aunque a estas alturas ya me conozco de memoria, me siguen pareciendo entretenidas.


Hoy toca una en la que Mafalda y Susanita ven un mendigo y ambas dicen que les da pena ver gente pobre por la calle. “¡Habría que dar techo, trabajo, protección y bienestar a los pobres!” dice Mafalda, a lo que Susanita contesta: “¿Para qué tanto? Bastaría con esconderlos”.

Pues con la infanta pasa lo mismo. Ahora el gran debate no es lo que va a decir en el juzgado, o qué repercusiones puede tener para la monarquía que Cristina de Borbón haya usado, presuntamente, malas artes para enriquecerse (aún más) a costa del erario público mediante fraudes de todo tipo… no, el debate es si va a entrar en el juzgado andando o en coche, si por la rampa o por el garaje…

Luego nos quejamos pero a veces este país tiene lo que se merece. Si la gran inquietud de la Casa Real y del Gobierno es la foto, es que algo falla. Y falla porque esa foto es la del triunfo del Estado de Derecho, en el que nadie, por muy infanta que sea, puede librarse del largo brazo de la ley. Al menos yo lo veo así.

En España estamos pagando muy caro un largo periodo de tiempo en que el pelotazo era la forma de vida habitual, casi a cualquier escala. Ya lo he dicho muchas veces, pero lo repito una más: cuando escucho que “los políticos son todos unos corruptos” no puedo evitar pensar que hay dos mentiras en esa frase: la primera es el “todos”, ya que alguno honrado hay, y la segunda es esa sensación que se quiere transmitir de que la política es mala por naturaleza y que el resto de los sectores son unos benditos. Va a ser que no. Ya estamos viendo que la corrupción afecta e infecta todos los estratos, profesiones, sectores y niveles. Es una cuestión social. Ojalá fuera sectorial, que sería más fácil luchar contra ella.

Un país donde la pregunta económica más habitual es “¿Con IVA o sin IVA?” no puede tener menos que unos representantes, Casa Real incluida, que reflejen esa sociedad. Donde esperamos pacientemente en la cola del médico de cabecera a que acabe de atender al “visitador médico” sin decir ni pío, donde vemos con normalidad que el hijo de un concejal sea contratado por una empresa a su vez contratada por dicho concejal, donde ser un ladrón de lo público se ve casi con simpatía… ¿qué nos podemos esperar?

Personalmente me importa poco si la infanta es culpable o inocente. Preferiría que fuera inocente por su bien y el de una institución que, aunque cada vez menos, me sigue atrayendo, pero si es culpable no veo ningún drama en que la condenen. Como a todo el mundo… bueno, menos a su padre, que no se le puede tocar ni siquiera desde un juzgado. El sistema constitucional español es tan perfecto.

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