miércoles, 2 de diciembre de 2015

No son un juguete

Por una de esas coincidencias que hay en la vida ayer por la mañana presentamos dos campañas de colaboración entre la asociación Lugo Monumental y la Sociedad Protectora de Animales y hoy nos desayunamos con el disgusto de un mensaje en que nos piden que devolvamos a su dueño un precioso labrador que tenemos acogido en casa. El disgusto ha sido mayúsculo, como es de esperar. Bueno quizás algo más grande de lo que cabría esperar porque lo tenemos desde hace pocas semanas y ya lo sentimos como “de casa”.

El tema de los animales es complicado. Yo tuve algo que recomiendo a todo el mundo porque supone una felicidad inmensa: una infancia con perro. Cuando era pequeño teníamos una preciosa pastor alemán que vivió en casa un año y pico, hasta que más tarde la llevamos a una casita que tenían mis padres cerca de Lugo, con lo que seguíamos viéndola a diario. Luego vino un segundo pastor alemán. Insisto: no hay nada como una niñez con perro. Hasta creo que es algo bueno para ayudar a sensibilizar a los críos.

No sé si es por eso que siempre he sido un enamorado de los perros, y que me despiertan una ternura tremenda, quizás porque su indefensión ante la crueldad es casi absoluta, y puedes ver un perro maltratado por sus dueños hasta la náusea y aun así seguirá lamiéndoles la mano y moviendo la cola cuando los vea. Una fidelidad y una alegría que son imposibles de igualar.

La sensación de llegar a casa y tener un perro que te reciba en la puerta como si fuera el momento más alegre de su día (y encima probablemente sea cierto) es algo difícil de explicar. O que tu marido aparezca en el trabajo de repente con el perro y que cuando te ve se abalance sobre ti a lametones (el perro, el marido es más prudente) te da una alegría que cuesta transmitir.

Hoy será un mal día. Entregar a su dueño al perro será un momento complicado y no puedo evitar pensar en la tentación de no hacerlo, aunque evidentemente no hay tal opción.

Hablando hace unos meses con Javier, el Presidente de la Protectora de Animales de Lugo, me explicó el proyecto que llevan desarrollando un tiempo de apadrinamiento de perros en la protectora. Se trata de que personas como nosotros, que no pueden tener un perro en casa porque no tienen espacio y difícilmente pueden tener tiempo suficiente, apadrinen un animal en la propia Sociedad. El perro vive en la Protectora pero el “padrino” se encarga de colaborar económicamente en su alimentación (seis euros al mes, tampoco es mucho) y puede ir a pasearlo cuando quiera o incluso llevarlo a casa y hacer campañas en su entorno para que alguien lo acabe adoptando.

Lo grande de la idea es que hay un altísimo porcentaje de personas que acaban quedándoselo, y es comprensible. Si ahora mismo me dicen que no devuelva a Duki (sí, el nombre es espantoso) no lo pensaría ni un segundo. Imagino que la cosa es similar.

Las campañas que haremos esta temporada entre la Protectora y Lugo Monumental van en dos sentidos. Uno es la venta de calendarios en beneficio de la Sociedad, que necesita dinero como todos para salir adelante. La otra es una campaña de concienciación para que en esta Navidad no se regalen animales, porque muchos de ellos son regalos impulsivos que acaban en un abandono en unos meses, cuando el perro crece y deja de ser un “juguete” y una novedad.

Esto último es descorazonador. Según les decía que para un niño es algo maravilloso tener perro, tiene que ser mucho peor ver que en su casa deciden abandonarlo. El mensaje que se les transmite es terrible: tú hazte cargo de una vida pero cuando te estorbe deshazte de ella. Todo lo bueno que pueda tener el responsabilizarse de una mascota se transforma en justo lo contrario, un mensaje de que todo es de “usar y tirar”, sea lo que sea. Y luego se quejarán de que el día de mañana esos niños no quieran cuidar a sus mayores. Es lo que les han enseñado.

Evidentemente un perro no es una persona. Son animales, de acuerdo. Pero cuando hablo de lo bonito de una infancia con perro no pienso en la mascota sino en el dueño. Los recuerdos que tengo con Lúa, aquella primera perra que tuvimos en casa y que dormía en mi cama (sí, es una guarrada pero yo tenía 8 años y me levantaba por la noche para abrirle mi puerta a escondidas) son preciosos. Los que pueda tener con Duki también lo serán, y lo echaré muchísimo de menos.

Así que en resumen: si no saben dónde se meten y no son conscientes del compromiso, no regalen un cachorro a un niño. Bueno, ni a un adulto. Los animales son seres vivos y si no merecen un respeto al menos lo que hagamos con ellos sí refleja el que podamos tener por nosotros mismos.

3 comentarios:

  1. hace años que murió mi perra y he de decir que mi vida no es lo mismo sin un peludo a mi lado, no hay nada comparable a ese amor incondicional! buena iniciativa y buen post, casi me sale la lagrimilla recordando...

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    1. Gracias. La verdad es que son momentos complicados y aunque soy consciente de que quien no tiene perro nos verá como marcianos, es duro. Un abrazo.

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  2. hace años que murió mi perra y he de decir que mi vida no es lo mismo sin un peludo a mi lado, no hay nada comparable a ese amor incondicional! buena iniciativa y buen post, casi me sale la lagrimilla recordando...

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