martes, 15 de marzo de 2016

¿Por qué sigue vacío el local de lo que fue el Verruga?

La fachada de lo que fue el Verruga
Si les soy sincero, pensaba que al pasar por delante del número 12 de la calle de la Cruz iba a sentir tristeza, morriña… algo. Curiosamente no es así. Miro la fachada del que fue el Verruga y solo veo una fachada, sin más.

Probablemente influye mucho que veo a mis padres más que felices, disfrutando de su tiempo libre y de una vida que nunca pudieron tener hasta ahora, de cosas tan sencillas como comer tranquilamente en casa, viajar sin estar pendientes del teléfono, sin preguntar todos los días esa frase que quien tiene un negocio en casa conoce como a un familiar cercano (“¿hubo gente?”), sin llamar para “hacer la nota de la plaza”… Eso compensa más que sobradamente toda cuestión sentimental que pudiera unirme al Verruga como local.

Sí es cierto que me da algo de pena ver que el bajo se va a quedar así eternamente, siguiendo los pasos de sitios emblemáticos de esta ciudad como La Cosechera, el Ferreirós o la Petit (más conocida como “la amarilla”), locales que cerraron por razones desconocidas y que no reabren por razones más desconocidas aún. En el caso del Verruga, como tengo información de primera mano, sí tiene más explicación la cosa, y como estamos en confianza ustedes y yo se lo voy a contar, qué caray.

La Cosechera, uno de los locales vacíos desde hace años
Verán la cuestión es que para abrir un negocio necesitas cinco elementos básicos: un local, una licencia, equipamiento, personal e iniciativa. Cuando el Verruga cerró contábamos con tres de cinco, ya que el local nunca fue de mi familia (era alquilado) y lo de la iniciativa como que quedaba un poco fuera de juego por las razones antes expuestas. Era nuestro el contenido del local y la licencia, y contábamos con una excepcional plantilla que, de hecho, está hoy trabajando sin problema alguno en otros locales de la ciudad.

Los locales de viejo como es el del Verruga, que cuentan con licencia desde hace cuarenta o cincuenta años (la nuestra es de 1.951), tienen una ventaja enorme y es que no tienen que cumplir con las durísimas normativas que hoy día se exigen para los locales de nueva apertura. Por ejemplo, temas como el aislamiento acústico, el tamaño de los aseos o cuestiones similares son “heredadas” de la situación anterior, lo cual es lógico porque si no cada vez que hubiera un cambio normativo obligarían a que todo el mundo hiciera obras, lo que no tiene el más mínimo sentido.

Pero esos “privilegios” se pierden si se extingue la licencia. El local puede funcionar solicitando una nueva, por supuesto, pero entonces tiene que adaptarse a las normativas en vigor, como es lógico, y en el caso que nos ocupa hay dos problemas tremendos: el espacio y el coste. Respecto a lo primero, como el local ya no es que sea muy grande, si te obligan a ampliar los baños te comes medio comedor (valga la redundancia). Además las normas obligan a contar con una serie de instalaciones que allí solo caben si dejas cuatro mesas para los clientes, con lo que la rentabilidad es la que es: ninguna.

Por otro lado el coste de la reforma para adaptarse hace que se te quite la idea de la cabeza, porque hacer una inversión tremenda en un local alquilado no tiene mucho sentido. Para que se hagan a la idea, me han contado (“díxome, díxome” así que puede que sea exagerado) que unas personas interesadas en abrir allí un local de hostelería pidieron presupuestos para reformar y adaptar el local a las nuevas normas y el coste rozaba los 300.000 euros.

Si tomamos esa barbaridad y contamos, por ejemplo, con un alquiler a 20 años, la amortización es de 1.250 euros mensuales solo para la reforma, y eso suponinendo que tengan el dinero porque si encima hay que pedir un crédito a eso hay que sumar los intereses. Y el alquiler, claro. Y los seguros, luz, agua, basuras, personal…

En su día ofrecimos al dueño del local una posibilidad, que era enseñarlo tal cual estaba y, si la persona que lo quisiera alquilar se interesaba por el contenido y la licencia le daríamos el lote completo por un tercio de lo que hoy cuesta solo la reforma. Dijo que no, y que tenía que estar todo desmontado antes del 31 de diciembre, lo que hicimos puntualmente. Cumplidores que somos.

La maldad subyacente en todo esto, resumida en “por perjudicarte a ti soy capaz de fastidiarme a mí mismo” tiene una virtud colateral: reconozco que si alguien cogiera el mismo local y el contenido del que fue el negocio de mi familia durante casi 65 años, aunque le cambiara el nombre, sí me daría pena verlo. Es como cuando vendes tu primer coche o el primer piso en el que viviste, pero mucho más exagerado porque aquí hablamos del esfuerzo titánico de dos generaciones de la familia, la de mis abuelos y mis padres.

El local del Verruga, sin nuestra licencia, probablemente pueda valer para abrir una zapatería o algo así, quizás un pequeño bar, pero jamás un restaurante. Como local comercial no vale un patacón porque la calle de la Cruz comercialmente no es de las más boyantes de la ciudad, a pesar del rumor interesado que la propiedad quiso hacer circular de que Zara quería el local para dar salida a su tienda hacia ese lado. Curiosamente ese bulo, que los propietarios pusieron a andar pensando que le daba más “caché” al local tuvo un efecto rebote, y desanimó a alguna persona que estaba interesada porque si se mete Inditex sabes que no puedes competir. Ya ven…
 
¿Me dará pena ver dentro de varios años que el local sigue vacío? No creo. Me recuerda un poco a las palabras de “El coloso en llamas” que me parece que decía Paul Newman al final de la película. Algo como que deberían dejar el edificio en ruinas en pie como un monumento a la codicia. Aquí pasa algo similar, pero como un monumento a la maldad. 

Tres meses después del cierre del Verruga el local sigue ahí, muerto de risa, y lo que le queda. Son muchos, muchísimos los recuerdos que se generaron entre esas paredes pero que no quedan tras esas puertas, nos los hemos llevado igual que la cafetera y las cocinas. Son nuestros, de los amigos que durante todos esos años hicieron allí sus celebraciones y su vida diaria, y estarán con nosotros para siempre. Por suerte eso no se puede traspasar... y aunque se pudiera no habría dinero suficiente en el mundo para perderlos.

12 comentarios:

  1. Muy bien escrito si señor que tus padres disfruten mucho y al señor del local que le dean mucha suerte

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    1. Una vida,personal, y la vida en general muy bien resumida,tus padres han cumplido, y el verruga siempre será el verruga, para todos.

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    2. Están matando el centro de Lugo8

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    3. ¿Quiénes lo están matando? ¿Qué hacemos los lucenses para que no muera?

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  2. Muy bien escrito si señor que tus padres disfruten mucho y al señor del local que le dean mucha suerte

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  3. Fantastica lectura,,,,,mucha felicidad a tus padres.....y frente a la avaricia del propietario del local,,,,ke se lo lle e cuando se muera....típico de muchos propietarios sobraosss!!!!!

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  4. Fantastica lectura,,,,,mucha felicidad a tus padres.....y frente a la avaricia del propietario del local,,,,ke se lo lle e cuando se muera....típico de muchos propietarios sobraosss!!!!!

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  5. No es por defender al propietario, pero en tu texto das a entender que por la antiguedad del local disfrutábais de una renta antigua. ¿Cuanto pagábais de alquiler?. A lo mejor sabiendo ese dato es más fácil entender la posición del propietario.

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    1. La verdad es que el texto parece destilar cierto rencor hacia la propiedad... Yo también siento la pérdida de negocios emblemáticos de la ciudad, pero a veces hay que ponerse en la perspectiva de un propietario que está cobrando una renta de 500€, pudiendo obtener el triple.

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    2. Yo he escuchado por ahí que ahora piden 3000 €

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