miércoles, 21 de agosto de 2019

''Poner en valor'', el falso argumento que sorprendentemente cuela

El Museo Británico, la joya de la corona cultural de Inglaterra "no tiene valor" para algunos porque no se cobra entrdada.
Sus cinco millones de visitantes imagino que disienten, yo desde luego sí.
No soy la persona más tranquila del mundo, hay que reconocerlo. A pesar de ello, y de que hoy el Deán de la Catedral me llama mentiroso en un artículo de La Voz de Galicia (y eso que no he faltado a la verdad en ningún momento), no voy a responderle por varios motivos, el principal de los cuales es el aprecio personal que siento por Mario y que comprendo que esté molesto porque esta polémica vuelva a la prensa. Además, enzarzarnos en un cruce de artículos no creo que sea el camino del entendimiento y el objetivo es precisamente hablar serenamente de este asunto.

Así que hoy les voy a hablar del tema pero sin tocar el tema. Es decir, que sin entrar al caso concreto de nuestra Catedral, me gustaría intentar rebatir el argumento más típico que leo en redes y que justifica el cobro de entrada a ciertos lugares históricos: la “puesta en valor”. Es el mismo mantra que se utiliza para defender cobrar por subir a la Muralla de Lugo, y que se basa en que lo que no se paga no se considera importante. Me pregunto si los cinco millones de visitantes al año que tiene el Museo Británico (por cuyo acceso no se cobra entrada) van a merendar o a pasear sin hacer caso de lo que ven y “no le dan valor” porque no se dejaron cinco libras en la taquilla. Para que se hagan a la idea tiene más visitas ese museo que toda Galicia junta, y Londres no es que sea una ciudad barata con lo que podrían generar ingentes ingresos por el acceso. No lo hacen, precisamente porque le dan valor.

El concepto de “dar valor” se confunde interesadamente con “monetarizar”, es decir, que el valor lo tiene para el que percibe el importe de la entrada. Lo que me sorprende es que haya usuarios que compren ese discurso, probablemente porque creen que no les afecta ya que ellos no van a pagar, bien porque no entran en el universo de cotizantes (es decir, los lucenses exentos por pagar en la Muralla si se diera el caso) o porque les importa un bledo el lugar y no piensan pagar por visitarlo (algo más triste pero probablemente más acertado).

El Ayuntamiento de Lugo también “puso en valor” las salas arqueológicas locales… y tuvo que dar marcha atrás y volver a poner el acceso libre y gratuito, porque la realidad es tozuda, y por mucho que nos vendan cientos de miles de visitantes en tres días a una fiesta los euros no se los pueden inventar como las cifras de turistas y ahí la caja no da. El Museo Provincial, sin embargo, nunca ha cobrado y siempre fue más visitado a pesar de no “darle valor”.

En esta sociedad asquerosa que tenemos montada entre todos el mensaje es que solo lo que tiene dinero de por medio es “valioso”, pero eso es una realidad virtual que crean quienes pretenden convertir todo en un mercadeo económico, lo que choca más en entidades como la Iglesia cuyo contenido se supone más espiritual que material, por mucho que haya de mantenerse en la práctica.

El problema es que se usa la ley del embudo, y el argumento solo vale cuando interesa. Por ejemplo, si yo les doy la razón para que cobren entrada en ciertos lugares, entiendo que la consecuencia lógica es que pasa de ser un bien común a una actividad económica, y que como tal se ha de sostener por sí misma y pagar todos sus impuestos como los demás negocios. Por lo tanto, retiremos las subvenciones, el mantenimiento, las exenciones impositivas y las ayudas y dejemos que el Mercado decida si el tema es rentable o no y, por lo tanto, juzgue el éxito de esa “puesta en valor”.

Sostenemos muchos monumentos con nuestros impuestos, por lo que el que se nos cobre otra vez por verlos es un “copago” o un “repago” que enerva a todo el mundo cuando hablamos de educación o sanidad, pero no si se trata de patrimonio o cultura, lo que francamente dice poco de nuestra visión global.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Derecho a réplica:

Se admiten comentarios, sugerencias y críticas. Sólo se pide cierta dosis de "sentidiño" y cortesía.