No era un vecino de los de dos patas, sino de cuatro. Un precioso golden retriever que, con el carácter bonachón y paciente que caracteriza a estos perros, se hacía querer por todos los que por allí nos acercábamos. Se hizo, sin lugar a dudas, un hueco en el corazón de todos los visitantes de la plaza de Lugo y no exagero si les digo que en alguna visita a La Coruña me acerqué por allí sólo por verlo.

Para que se hagan a la idea del grado de popularidad de Ney, se abrió una cuenta bancaria para recaudar dinero para hacer una estatua al perro. De hecho se tramitó ya el permiso ante el Ayuntamiento y no sé cómo está ahora la cosa, pero su lamentable fallecimiento imagino que podrá acelerar el proceso. Debería.
Ya ven cómo somos los seres humanos. Se nos está quedando gente por el camino y pasamos de todo porque nos caen antipáticos o simplemente no lo pensamos, pero sale un perro cariñoso y llueve el dinero para hacerle una estatua. Es una aberración, sí, no se lo voy a discutir, pero es así. Quizás porque Ney te alegraba el día, cosa de la que no todo el mundo puede presumir, y la felicidad que se reparte vuelve a ti en forma de aprecio, al menos en teoría.

Hay animales que sacan lo más humano de nosotros. Mi “ahijado”, del que ya les hablé alguna vez, es otro precioso golden retriever (sí, tengo debilidad por esa raza) que me ha alegrado muchísimas tardes, aunque un difícil divorcio entre sus propietarios ha traído como resultado que haga más de dos años que no puedo ver al bueno del perro. Cosas que pasan, pero difíciles de olvidar.

Y cuando hagan la estatua iré a verla, y lo más probable es que me emocione al recordar a un perro que sólo estaba allí, pero que únicamente con eso era capaz de darnos alegría.
Quiero terminar dando las gracias a la propietaria de Ney. No todo el mundo que posee un perro de este tipo, tan hermoso además, tiene la generosidad de "compartirlo" con los demás. Ellos lo hicieron siempre, con paciencia y cuidándolo para que todos disfrutáramos de él. Es un mérito importante, no se lo minimicen porque no es fácil. Eso sí, les queda un consuelo, el de saber que muchos le teníamos aprecio a su mascota y, también por extensión, a ellos por haber permitido que fuera un poco de todos.
Quiero terminar dando las gracias a la propietaria de Ney. No todo el mundo que posee un perro de este tipo, tan hermoso además, tiene la generosidad de "compartirlo" con los demás. Ellos lo hicieron siempre, con paciencia y cuidándolo para que todos disfrutáramos de él. Es un mérito importante, no se lo minimicen porque no es fácil. Eso sí, les queda un consuelo, el de saber que muchos le teníamos aprecio a su mascota y, también por extensión, a ellos por haber permitido que fuera un poco de todos.
Buen viaje, Ney. Te echaremos de menos.
Ellos nos lo dan todo sin pedir nada a cambio. Cuando se van dejan un vacío imposible de llenar. Quiero pensar que se van al cielo de los perros y que algún día nos volveremos a encontrar.
ResponderEliminarMaría Buela.