viernes, 26 de octubre de 2018

El Verruga no volverá

El Verruga no volverá. El local empieza una nueva vida en otras manos.
Publicaba ayer El Progreso la noticia de que el empresario Antonio Portela abrirá un nuevo restaurante en el local que ocupó durante casi 65 años el Verruga. Esto ha originado una riada de llamadas y mensajes preguntándonos si tenemos algo que ver y si volvemos al sector. La respuesta es clara: No.

El Verruga cerró en diciembre de 2015, hace ya tres años (cómo pasa el tiempo) y no volverá. Su alma, que fueron primero mis abuelos y mis padres después, se fue cuando lo dejaron para disfrutar de un merecido retiro y del tiempo libre que nunca habían tenido. Mi madre, Miluca, que fue la última que llevó el timón de la nave, se define como “jubilada feliz” y tiene las mismas ganas de volver a meterse en ese embrollo que de escalar el Everest. De hecho creo que si tuviera que elegir estaría encargando ya el equipo de alpinismo y contratando a unos sherpas.

Si el Verruga sigue despertando cierto interés es por la memoria colectiva, la que conserva vivo el recuerdo de un local que, a pesar de su reducido tamaño, se mantuvo en la cresta de la ola durante décadas y difundió su buen nombre mucho más allá de las Murallas... ahora que ya no existe permítanme presumir un poco de historia familiar. También se mantiene gracias al libro de recuerdos y recetas que publicamos un año después del cierre del local y que, para nuestra sorpresa, todavía hoy se sigue vendiendo bien.

Presentación en la Galería Sargadelos del libro del Verruga. Fue un acto precioso, la verdad.
Pero nada más. El nuevo local que abrirá en el número doce de la calle de la Cruz será peor o será mejor, pero no será el Verruga. Tendrá diferente nombre, diferente decoración, diferente estilo y diferentes recetas. Cerrará la “cicatriz” que, en palabras de José María Carrascal, dejó el Verruga en los vinos, pero no tendrá nada que ver con el restaurante que fue la vida de nuestra familia durante tanto tiempo… y eso tampoco es malo porque hay que renovarse y dar entrada a nuevas formas de trabajar y de hacer, intentando superar una tradición – difícil tarea - que justificó el eslógan de Don Alfredo Sánchez Carro “...y para comer, Lugo”.

Le deseo mucha fortuna a Antonio en su nueva etapa. El lugar es inmejorable. ¡Suerte!

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