lunes, 30 de septiembre de 2013

Gamberros y difuminados

Desde aquella película de cámara oculta de uno de los Summers que se llamaba “tó er mundo é güeno”, el tema de las bromas grabadas ha venido cada vez a menos. A menos de calidad, se entiende, porque lo que es cantidad, nos tienen hartos. Ahora cada vez que ves algo medio raro por la calle buscas al regidor y al del maquillaje, porque aunque la locura abunda uno ya no es tan inocente.

Pero siempre se puede dar una vuelta de tuerca, y hay programa llamado “los mayores gamberros” que hace lo mismo pero los ganchos son hombres y mujeres entraditos en años, vamos, viejecitos de toda la vida, que van escandalizando a los pobres peatones que se quedan ojipláticos cuando escuchan a una venerable anciana contarle a una amiga por teléfono que ha quedado con un amigo de su nieto para un rollete.

Además del propio programa, llaman la atención dos cosas. La primera es que en todas las imágenes en que sale un fumador le difuminan la zona del cigarrillo y el humo como si el tío estuviera en pelota picada y el programa tuviera rombos, como en los ochenta, a principios más bien de los ochenta. Vale que el tabaco es malo, muy malo, ya lo sabemos. Que sí, que vale… pero por dios, sólo les falta tacharle el cigarrillo a Clint Eastwood o a Humprey Bogart.

Podemos ver en la tele asesinatos tanto reales como fingidos, descuartizamientos, guerras, hambre… cualquiera de las bajezas del ser humano salvo echar una calada, no sea que los niños se nos enganchen al cigarrillo porque son aún más idiotas de lo que nos imaginábamos. Eso sí, que se líen a tiros desde un tejado de un colegio no es algo que nos preocupe que se pueda imitar. Si se fijan en la contradicción, en un programa de gamberradas hechas por abuelos, en que se pueden dar a entender muchas cosas, y no todas ellas excesivamente educativas, se fijan sólo en el tabaco. Si es que a veces…

La segunda cosa llamativa es que de la chavalada que suele ser el objetivo de las bromas, suele estar acompañada… e ignorando al acompañante porque todos están con el móvil de rigor dándole a la pantallita. Vamos, que yo creo que en las tomas falsas la mitad de las bromas que se les fastidian es porque el chaval está dándole al Candy Crush de las narices y ni se entera de lo que le cuenta el señor.

Pues nada, que entre los difuminados y los móviles cada vez es más complicado tomar el pelo a la gente. Al menos algunas cosillas son graciosas.

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