martes, 22 de marzo de 2005

Alianza de civilizaciones

El 15 de septiembre se cumplen 70 años desde la proclamación de las Leyes de Nuremberg. Estas leyes fueron proclamadas por el estado Nazi, con el apoyo de gran parte del pueblo alemán, para privar de derechos al pueblo judío en Alemania, negándoles la nacionalidad e incluso prohibiéndoles mantener relaciones sexuales con el resto de los habitantes de ese país.

Mientras tanto, el que sería nombrado primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, defendía a ultranza a “los amigos nazis” y buscaba el mantenimiento de la paz a cualquier precio, ignorando las atrocidades que el régimen de Hitler cometía contra judíos, homosexuales, discapacitados... Fue Winston Churchill quien levantó su voz anunciando lo que más tarde se convertiría en una triste y dura realidad, la expansión del imperio Nazi y la entrada de casi todo occidente en la II Guerra Mundial, que se ganó por los pelos a costa de “sangre, sudor y lágrimas”, como profetizó el político británico.

Setenta años más tarde nos encontramos con el discurso de la “alianza de civilizaciones” de Zapatero, una difusa idea cuya mejor virtud es no decir nada.

Las grandes palabras se quedan en nada si no van acompañadas de un significado real. Es muy fácil hablar de “hermanamiento”, “paz”, “comunicación entre los pueblos” e “intercambio cultural”, pero me gustaría saber en qué se concreta exactamente eso. ¿Vamos a permanecer impasibles y a conversar amablemente con pueblos que exterminan a colectivos enteros como sucedió con los Kurdos?. ¿Se puede dialogar con regímenes dictatoriales - de todos los colores - que mantienen presos a ciudadanos por el simple hecho de decir su opinión?. ¿Hemos de aceptar las ablaciones, el chador, y la amputación de la mano de los ladrones como “señas de identidad” de pueblos con culturas diferentes?.

No creo en la política de intervención, ya que opino que cada país ha de solucionar sus propios problemas internos salvo excepciones muy contadas y, por supuesto, agresiones a otros Estados, pero tampoco puedo ver con desapasionamiento que se tiendan puentes de diálogo con quienes utilizan métodos ya recogidos por los fascismos europeos hace siete décadas.

Hay muchísima diferencia entre la buena voluntad y la peligrosa ingenuidad. No creo que nadie piense que Fidel Castro o los regímenes totalitarios islámicos vayan a convertirse en demócratas por arte de magia. No es cuestión de andar invadiendo países porque no estemos de acuerdo con sus principios, pero tampoco se puede facilitar la supervivencia de sus gobiernos dictatoriales.

Si alguien hubiera frenado a Hitler, la II Guerra Mundial no tendría por qué haber ocurrido, pero Europa, y más concretamente Gran Bretaña y Francia, optaron por mirar hacia otro lado y dialogar con ese monstruo. Se dice en ocasiones que la historia es cíclica, pero no deberíamos permitir que ciertas cosas vuelvan a suceder, así que cuidado con las grandes palabras, no vayan a ser balones de oxígeno para regímenes anacrónicos.

Artículo del 22 de marzo de 2005 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

jueves, 17 de febrero de 2005

Referéndum

Faltan unos diez días para el referéndum sobre la Constitución Europea. Salvo la chorrada de la bebida esa de “referéndum plus” y unos cuantos anuncios en que nos dan una información totalmente irrelevante, no se ha realizado una campaña seria para informar al pueblo español de qué demonios estamos votando.

Es curioso que el Gobierno, como se ve venir una abstención escandalosa y se está jugando quedar a la altura del betún una vez más, está iniciando una campaña en la que intenta relacionar -Borrell dixit - la postura contra la guerra de Irak y el sí a la constitución europea.

Nos hablan de generalidades, de que hay que votar que sí a todo, pero sin decirnos qué es exactamente lo que se nos pregunta. Hay que ser modernos, somos muy europeos y que, encima, vamos de primeros de la clase, pero no nos explican qué diferencia va a haber entre aprobar y no aprobar ese tocho de papel.

Lo que algunos ciudadanos de a pie nos preguntamos es: además de un tratado internacional que habla más de mercancías y de economía que de derechos y de la creación de un auténtico Estado Europeo, ¿qué dice la Constitución Europea?. Solamente 61 de sus 448 artículos nos hablan, muy por encima, de derechos de los ciudadanos europeos que ya están reconocidos en las Constituciones de cada país, y el resto se dedica a hablarnos de política monetaria y mercaderías.

El problema más grave de la Constitución Europea es su grave carencia de democracia, aunque en este momento sea políticamente incorrecto decirlo. Nos piden que votemos a nuestros flamantes eurodiputados, y nos dicen que serán nuestros representantes en el mayor Parlamento del mundo. Pero hete aquí que se les olvida mencionar que esos diputados no pueden redactar leyes, sólo pueden votarlas, pero que quien tiene la iniciativa legislativa es la Comisión, formada por unos señores que han puesto ahí los gobiernos de los Estados.

A la larga la Constitución Europea no va a cambiar nada, ni nos va a dar la soberanía del voto a los ciudadanos de Europa. Somos lo bastante maduros para votar ese texto, según ellos, pero no lo bastante sabios como pare elegir a quienes han de redactar las que serán el 60% de las leyes que regirán nuestras vidas.

¿Es todo esto lo que quieren ocultar con esta increíble y escandalosa falta de información? ¿Qué lógica tiene ser los primeros en votar la Constitución Europea si vamos a ser los últimos en enterarnos de qué va? ¿Cuándo vamos a ver en televisión un debate serio y asequible entre el si y el no?


Artículo del 17 de febrero de 2005 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

jueves, 16 de diciembre de 2004

La madre de Daniel

Personalmente, nunca me había sentido tan cerca de una persona que salía en televisión como con Doña Pilar Manjón, en su comparecencia ante la Comisión de Investigación de los atentados del 11 de marzo. Fue un discurso directo al corazón, pero también fue la defensa del sentido común. Un razonamiento realizado desde el más profundo sentimiento, que no sentimentalismo, en que se pusieron los puntos sobre las íes, y se sacaron los colores a los políticos de todos los grupos, a la justicia y los medios de comunicación.

Curioso es ver la reacción de los aludidos. Algunos de los portavoces de los grupos que allí estaban reaccionaron pidiendo de forma inmediata mil disculpas, y por su tono y su contenido sonaron sinceros. No intentaron repetir el “los hay peores”, sino que asumieron directamente lo que les estaban diciendo. Particularmente cabe destacar la alocución, quién lo iba a decir, del representante del PNV, que pidió permiso a la señora Manjón para hacer suyo, de su grupo y, hasta donde le fuera posible, de todo el Congreso el discurso de la representante de las víctimas de los atentados del 11 de marzo. También muchos medios de comunicación han pedido hoy, en sus editoriales, disculpas claras y directas al sentirse aludidos por las acusaciones de la señora Manjón, que asumen como ciertas y palpables. No pareció que esos grupos y medios diesen imagen de asumir lo que se decía, sino que parecieron asumirlo realmente, que no es lo mismo.

Sorprendente fue ver la reacción de otros grupos y otros medios. Siguiendo al pie de la letra las indicaciones de la madre de Daniel Paz Manjón, asesinado en los atentados de Madrid, me niego a hacer un alegato político sobre las reacciones, pero sí que me gustaría intentar, desde la tribuna que este periódico ofrece a sus lectores, hacer reflexionar a algunas personas sobre sus frías reacciones o su falta de interiorización de lo que les estaban diciendo. Hubo portavoces y medios que intentaron convertir el discurso en un ataque frontal contra un partido concreto u otro, y estas personas fueron en contra de lo que esta mujer pidió en nombre de quienes más directamente fueron afectados por los atentados: sus víctimas.

La señora Manjón, que es precisamente eso, toda una señora, ha dado una lección de política a los políticos: ella fue a votar el día 14, cuando aún no le habían entregado el cadáver de su hijo. Eso le da todos los derechos a estar allí y reclamar a sus representantes que ejerzan su función y, aunque sea por una vez, se dejen de jugar al ajedrez partidista y se dediquen a trabajar en lo que es el objeto de la comisión: buscar qué falló y solucionarlo.

Éste es el momento del sentido común, el momento de la unión y de percatarse de que las estrategias políticas están de más aquí. Por favor, no politicen el discurso de la señora Manjón, porque precisamente eso es lo que les estaba pidiendo que no hicieran. Únanse, como les llevan reclamando desde todos los foros, y aclaren lo que haya que aclarar, pero no utilicen los atentados como argumento sensacionalista para destrozarse unos a otros y dejen a los muertos descansar en paz. No creo que sea mucho pedir.

Artículo del 16 de diciembre de 2004 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

viernes, 12 de noviembre de 2004

El uso de la Diplomacia

Vaya por delante que, como a gran parte de los españoles, el reelegido Presidente de los USA no me cae bien. No me gustan sus formas ni la mayoría de sus fines, y comparto la idea generalizada de quien lo ve como un vaquero, aunque evidentemente sus actos son mucho menos improvisados de lo que nos quieren hacer creer.

Lo que el Gobierno nos está intentando “vender” con el tema de las llamadas y las recepciones es, por un lado, que nos tenemos que sentir insultados todos los españoles porque no tratan con el debido respeto a nuestro Presidente, pero por otro que no es la cosa para tanto y que saldremos de esta. Yo no lo veo así. Pienso que a ZP y su equipo les han dado una lección de diplomacia de libro, y paso a explicar por qué lo digo.

Cuando Zapatero hizo campaña a favor de Kerry, hizo un posicionamiento político de difícil defensa en una campaña extranjera, pero el acto fue esencialmente comprensible. En cambio, el desprecio a la bandera de los Estados Unidos el pasado año, y la no invitación de las tropas al desfile de las Fuerzas Armadas de éste, suponen una ofensa muy grave a todos los americanos, y más si tenemos en cuenta lo sensibles que son con esas cosas.

La contestación diplomática ha sido contundente y certera como el bisturí de un cirujano: no llama a Zapatero, recibe a Aznar en un ámbito estrictamente personal, e invita a SS.MM. Los Reyes de España a comer. El mensaje es claro: le ha dado una bofetada política al PSOE y al Gobierno de Zapatero, pero no quiere insultar a España como país, y por eso invita a los Reyes.

Le ha enseñado cómo se puede ofender a un enemigo, políticamente hablando, sin que ese agravio se pueda considerar extensivo a la nación. Los españoles no podemos sentirnos despreciados, ya que al Rey, nuestro mayor representante según la Constitución, se le trata con respeto y deferencia. Es al Presidente del Gobierno, un representante de un Gobierno, no del Estado, a quien se desprecia, y únicamente como contestación ajustada y proporcional a la ofensa previa que él mismo llevó a cabo.

Sí ha contactado con Francia y Alemania, las dos bestias negras de Bush en la batalla de la opinión pública en la guerra de Irak, pero porque esos dos países supieron oponerse a Bush, no a los Estados Unidos en pleno. Hay que ser un poco consciente de cómo se hacen las cosas y esta vez, sin que sirva de precedente, nos lo han demostrado los americanos.

Artículo del 12 de noviembre de 2004 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

viernes, 3 de septiembre de 2004

Alegría masoca

El titular de la nueva presentación de Fraga a las elecciones de 2005 no ha sorprendido demasiado a nadie. Unos, porque lo esperaban y otros, los de la oposición, porque lo temían. Entre los segundos ha cundido una especie de risilla histérica nerviosa, diciendo que se alegran de que se presente Don Manuel para poder derrotarlo en las urnas y que refleja una debilidad del PP para buscar relevos factibles.

Vamos a dejar a un lado esa especie de obsesión personal de derrotar a Fraga en Galicia en unas elecciones autonómicas, y también el análisis psiquiátrico de la alegría masoca que les embarga cuando la persona que les ha vencido desde siempre vuelve a enfrentarse a ellos.

Nadie discute que Fraga va a ganar las elecciones. PSOE y BNG se han fijado como techo y máxima aspiración el arrebatarle la mayoría absoluta, así que no deberían ponerse tan contentos ante la indudable realidad de perder y, en el mejor de los casos, tener que gobernar en coalición para vencer a ese señor tan mayor y ese partido tan desfallecido.

Por otra parte, lo de la debilidad supuesta del PP tiene su gracia, ya que se han propuesto varios nombres y cada uno de ellos tiene muchísimo más tirón que los anodinos candidatos de los partidos de la oposición, pero éstos critican esas propuestas y también el que siga Don Manuel. Es comprensible que si no tienes un candidato presentable te metas con el que presentan los que, en buena lógica, ganan las elecciones.

De aquí a un año oiremos auténticas barbaridades. Le van a llamar de todo menos guapo, y, si me permiten, desde esta humilde tribuna me gustaría darles un pequeño punto de vista: no ataquen a Fraga por su edad, porque en Galicia, por poco que sea, aún se sigue respetando a los mayores y no suele gustar que se arremeta contra la gente por ese motivo. Presidir la Xunta no es participar en los Juegos Olímpicos, y algunos seguimos asociando la sabiduría con la madurez y entendemos que un equipo de gente de mediana edad funciona mejor si está dirigido por alguien con experiencia. Eso es lo que pasa en la Xunta. Lo malo, lo entiendo, es que si no atacan por ahí se quedan sin munición, pero ése es su problema.

Ante la falta de argumentos sólidos, probablemente optarán por otorgar el don de la omnipotencia a Fraga, concediéndole mandos extraordinarios y culpándole de la guerra en Irak, el hundimiento del Prestige, que España perdiera las medallas en Baloncesto y en Balonmano... pero mucha gente sabe que Fraga ha dado todo por esta tierra, y no se van a dejar tomar el pelo con facilidad. No es fácil despistar a los gallegos con cortinas de humo.

A pesar de hablar de debilidad del candidato, van a atacar con toda la artillería, porque saben que esa flaqueza sólo es un argumento que utilizan de cara a la galería. Realmente le tienen terror, porque saben que no pueden con él, y no hay ataque más fiero que el de los desesperados.

Artículo del 3 de septiembre de 2004 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

martes, 17 de febrero de 2004

Más Democracia Sindical

Mucho se habla de las famosas sentencias que condenan a los sindicalistas miembros de un “piquete informativo” a varios años de prisión. Partiendo de la base de que la condena teórica y la real no son la misma, creo que es de recibo hacer algunos matices respecto a este tema, porque se oyen muchas tonterías tales como la teoría de la confabulación de jueces fascistas que quieren acabar con los sindicatos.

Si en este tema hay alguien que use métodos fascistas son, sin duda, los “piquetes informativos”. Las comillas son a propósito, porque no sé qué me da poner lo de informativos sin resaltar que sólo es una denominación sin contenido alguno.

El derecho a la huelga tiene dos vertientes: el de quienes quieren ejercerlo y el de quienes hacen valer el suyo de no ir a la huelga. Estimados señores dirigentes de los sindicatos: el sagrado derecho a huelga es eso, un derecho, no una obligación, y ustedes han sido elegidos para defender los intereses de los trabajadores, no para ser unos mafiosos que te zurran si no haces lo que te dicen. Entiendo que el verdadero meollo del asunto es que si no hubiera piquetes informativos la incidencia de la huelga sería mucho menor y los señores dirigentes sindicales perderían gran parte de su poder y probablemente sus muy cómodos sillones y la condición de “liberados”.

Pues queridos amigos, la misma gravedad que tiene que un empresario coaccione a sus empleados para no cerrar su negocio, que es gravísimo, la tiene que los sindicatos coaccionen a esos mismos trabajadores para que no lo hagan, con el agravante de que se supone que el sindicato los debería de defender, no amenazarlos. Y no me vengan con que se coacciona a la malvada empresa porque no deja ir a los trabajadores a la huelga. Exijan votaciones secretas en las empresas si quieren, pero no me vengan con procedimientos fascistas. No estoy contra la huelga, sino contra que se obligue a seguirla a palos.

En cuanto a la gravedad de las condenas, me gustaría ponerles de jueces y que decidieran la condena si a alguien le da por montar “piquetes informativos” el día de las elecciones y utilizan sus métodos para obligar a la gente a ir a votar, eso sí, a quienes a ustedes menos les guste. Seguro que entonces seis años les parece una miseria. ¿Por qué se pide juego limpio para las elecciones y no para las huelgas?.

Yo, qué quieren que les diga, creo que no se puede andar todo el día montando el espectáculo porque a un juez le da por poner algunas cosas en su sitio. Si no hubieran destrozado un local o no se hubieran enfrentado a la policía la condena sería más suave, así que cada palo que aguante su vela.

Artículo del 17 de febrero de 2004 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso

domingo, 15 de febrero de 2004

Tráfico en Lugo

Una de las primeras cosas en que nos fijamos, cuando llegamos a una ciudad, es en el tráfico. Es una primera impresión totalmente natural, ya que lo habitual es llegar en coche, acceder a la zona a la que vamos (el centro normalmente si es que vamos de visita) y aparcar. Hay ciudades que nos lo ponen muy fácil: Coruña, Ponferrada... incluso Madrid salvo las horas punta que atascan hasta la M-30, y otras que lo que nos ponen es a prueba los nervios, como es el caso de Lugo.

La nuestra es una ciudad de 90.000 habitantes aproximadamente, con una población flotante de, pongamos, 10.000 personas entre estudiantes, gente de los alrededores que viene a hacer sus recados y algún turista suelto. Tenemos una estupenda ronda que es un cauce “natural” para mejorar la fluidez del tráfico, y una línea de grandes avenidas (avenida de Madrid, Ramón Ferreiro, Avenida de La Coruña) que cruza Lugo facilitando la organización del tráfico. Otras (Ronda das Fontiñas, Duquesa de Lugo) no tienen las características necesarias, en cuanto a sus accesos, para ser auténticas vías que descongestionen el tráfico, pero se podría solucionar con relativa facilidad... entonces ¿me podría decir alguien por qué el tráfico de Lugo es tan sumamente caótico?. ¿Cómo puede ser que se tarde más en ir de la Biblioteca Provincial a la Milagrosa que en ir del Ceao a La Coruña?

Gran parte de la culpa me temo que la tenemos los propios lucenses. La frasecita de “es sólo un momento” sirve tanto para justificar el dejar el coche en doble fila en plena Ronda de la Muralla a las 12 de la mañana, como para aparcar encima de una acera o en plena curva mientras bajamos a por el pan o a recoger a los niños en el cole. Por otro lado, el lucense medio no ha sido iniciado en el misterioso secreto del uso de las intermitentes, y mucho menos en el de la correcta utilización de los carriles de las calles. ¿Por qué utilizar el carril izquierdo para ir a la izquierda o el derecho para ir a la derecha si podemos cruzarnos por delante de los otros vehículos haciendo una peligrosa maniobra puntuable para el Rallye de San Froilán?

Por su parte, los responsables de la organización del tráfico urbano, léase el Ayuntamiento, tampoco es que colaboren excesivamente en la solución del problema, ya que otro de los grandes misterios de la ciudad es el de ¿qué fue primero, el guardia o el atasco?. De diseñar un plan de tráfico barrio por barrio que, por ejemplo, tenga en cuenta las obras para desviar por zonas alternativas a los despistados conductores, o de señalizar los accesos de forma que se puedan identificar en menos de veinte minutos, ya ni hablamos.

El tráfico en Lugo es un auténtico caos, totalmente desproporcionado al tamaño de la ciudad y su configuración. La gravedad de este tema se hace patente si tenemos en cuenta que, por desgracia, el ser humano se convierte en la mayoría de los casos en una mala bestia en cuanto se sienta ante un volante, y sólo una planificación seria y rigurosa puede solucionar esto.

No es lógica, por ejemplo, la pelotera circulatoria que se arma en la Ronda das Fontiñas día sí y día también, cuando es una avenida amplia, con posibilidades reales y relativamente sencillas de enlazar con otras vías de alta capacidad de la ciudad (Duquesa de Lugo, por ejemplo). ¿En qué cabeza cabe que se permita aparcar de cualquier forma en esta avenida, y en todo Lugo, pero que en cuanto te acercas a menos de un kilómetro de la Muralla te cobren por estacionar en la calle?.

Son muchas las preguntas, pero pocas las soluciones que nos dan los, así llamados, responsables municipales de tráfico. Calles de una sola dirección coordinadas entre sí, racionalización de los aparcamientos de superficie (sin ticket, a poder ser), sanciones a quienes entorpecen el tráfico alegremente, previsión y planificación para evitar puntos, días y horarios conflictivos... ¿son cosas tan complicadas?, ¿o es que nadie se ha preocupado realmente por solucionar todo este desbarajuste?. Y por favor, no me vengan con el argumento de las herencias, que en cinco años se pueden hacer muchas cosas si uno está a lo que está.

Artículo del 15 de febrero de 2004 publicado en la sección de Cartas al Director de El Progreso