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miércoles, 13 de noviembre de 2024

Indefensión ante la política

Eternas obras en el centro. Foto: COPE Lugo

Es curioso que uno de los proyectos que más ha endeudado a la ciudad e hipotecado su futuro, además de haber alterado el casco histórico durante mucho tiempo (y lo que falta) se haya decidido sin la menor participación de nadie más que el gobierno local.

El llamado “corazón verde”, que está transformando el centro en un páramo de fría piedra gris, se aprobó sin contar con nadie. Nadie lo pidió ni había ninguna necesidad de hacerlo, ya que la excusa que se puso, la aprobación de una Zona de Bajas Emisiones, no tiene nada que ver con las obras ya que Lugo cumplía los requisitos legales para la ZBE sin hacer nada de nada.

La primera reunión que creo que se celebró con gente externa al proyecto fue en el llamado edificio de nuevas tecnologías (detrás del Ayuntamiento) y se nos invitó al presidente de la Federación de Comercio, al de la asociación de Hostelería, al de la asociación de la Tinería y a un servidor como representante de Lugo Monumental. Fue en noviembre según mis notas… y los proyectos están visados de meses antes, con lo que difícilmente era una reunión que tuviera otro carácter que no fuera meramente informativo.

Los proyectos eran un disparate, como se demostró con su análisis posterior, y su “huella medioambiental” consistía en quitar árboles del casco histórico (como los que estaban delante del Mixto), pavimentar todo el centro de fría y dura piedra gris, o meter un carril más por Santo Domingo, que se llevaba por delante la zona verde y los árboles que están frente al convento de las Agustinas, algo que se logró evitar gracias a la presión social y a un incremento de más de 300.000 euros del presupuesto que pagaremos ustedes y yo directamente porque eso no entra en la subvención de la Unión Europea.

Ni un minuto de reflexión, ni un segundo de debate, ni una posibilidad de aportaciones por parte de nadie. Yo me lo guiso y ustedes se lo comen, es el mantra de este proyecto fraccionado en tres partes por razones que todavía no alcanzo a comprender pero que seguro que tienen algún motivo ajeno al interés público. Quizá evitar algún tipo de control o trámite.

¿Qué nos queda a los ciudadanos? Sufrir y callar. No tenemos posibilidad de recurso legal alguno ni más derecho que el de la pataleta, porque la partitocracia revestida de democracia que nos han endilgado es la que manda y no hay ningún atisbo de contrapeso ni de contrapoder, sobre todo desde que vemos que las páginas de los periódicos están llenas de anuncios de las administraciones públicas, lo que tiene las consecuencias que todos podemos imaginar. Por cierto, a ver si me pongo a contar los anuncios a dos páginas de la Diputación en los últimos dos meses, porque es un escándalo (otra vez).

Quizás una obra de este calado debería haber tenido antes un trámite de información pública, una exposición a los ciudadanos, una posibilidad de hacer aportaciones... Pero no, se hace y punto, aunque haya que modificar los proyectos y gastar casi 700.000 euros (315.736,00 en Santo Domingo y otros 358.002,00 en Bolaño-Montevideo) en corregir disparates.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El Arde Lucus lo hicimos entre todos

Queridos amigos:

Tras una ausencia de un par de días por motivos familiares, retomo el Blog con este artículo publicado en La Voz de Galicia del sábado a raíz de la negativa recibida por el AMPA de un colegio de Castro de Rey, al que se le negó la posibilidad de participar en el desfile del Arde Lucus de 2019.

Ojalá no tengamos que pagar todos algún día la soberbia de algunos.

Gracias.




La Voz de Galicia, haciendo un extraordinario esfuerzo que supuso una gran promoción para Lugo, publicó en las ediciones de toda la comunidad autónoma un especial por el Arde Lucus dedicado a las 17 asociaciones que, año tras año, son las responsables de revivir el pasado romano y castreño de nuestro Lugo. Un acertado enfoque que reconoce la labor de los cientos de personas que trabajan durante meses para que Lucus Augusti vuelva a la vida cada inicio de verano.

Tras impedir a una asociación de Friol, A Castronela, participar en el Arde Lucus por razones que todavía no alcanzo a comprender, el Ayuntamiento ha vuelto a ejercer un más que discutible derecho de veto y no permite a ochenta niños de un colegio de Castro de Rei que participen en el desfile oficial del año 2019. Y eso a pesar de que están amparados por el AMPA de dicho centro, que se encargaría de preparar los trajes, la coordinación y demás. Y no han pedido ni un céntimo por si estaban ustedes pensando en eso.

No se trata de promocionar a asociaciones de fuera de la ciudad, sino de sumarlas a una actividad que hemos hecho entre todos. El Arde Lucus es patrimonio común, como la Muralla, y no tiene sentido promocionar que se declare de interés turístico autonómico y nacional mientras se ponen palos en las ruedas de quien quiere ayudar a que sea todavía mejor, más abierto, más participativo y más hermoso.

Es un desacierto, y lo que es peor, es de una torpeza incomprensible. Ojalá corrijan, aunque solo sea porque “Mayo is coming”.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 24 de Noviembre de 2018

jueves, 8 de noviembre de 2018

Ni las lenguas ni los territorios tienen derechos

Encuentro entre Vázquez y Rivera para hablar del Constitucionalismo. Foto: El País
El martes, en Coruña, hubo un encuentro organizado por Ciudadanos que tuvo como protagonistas a Paco Vázquez y a Albert Rivera, al que acudí invitado por Olga Louzao (sí, ya saben, hoy toca decirme que busco acomodo en su lista, otros días me dicen que en la del PP y otros en la de Lara… Reconozco que siempre me sorprende el interés que despierta lo que hará mi modesta persona en las municipales).

Entre otras grandes verdades que resultan ciertamente incómodas para el mundo ficticio en que vive gran parte de la clase política, se dijo por parte del exalcalde coruñés que hay que hacer una pedagogía de lo obvio, y explicar cosas que deberían darse por sentadas porque son difícilmente discutibles. Una de esas obviedades, que afirmó Albert Rivera, es que ni las lenguas ni los territorios tienen derechos, solo las personas.

Es curioso el revuelo que se arma cada vez que alguien dice eso, porque no hace falta ser doctor en leyes para entender que es una verdad indiscutible. El derecho, como tal, solo reconoce como sujeto, es decir, como unidad sobre la que se pueden imputar deberes y derechos, a las personas. Hablar por lo tanto de que las lenguas no tienen derechos no es ningún disparate sino una simple realidad jurídica imposible de rebatir. Es lo que hay.

El problema no viene realmente de la frase sino de sus connotaciones, o mejor dicho, de las connotaciones que algunos buscan para justificar su rechazo a tal verdad. Se interpreta automáticamente que quien afirma eso está atacando a las lenguas o los territorios, que pretende reducirlos o destruirlos, que es un enemigo a batir y que por eso dice lo que dice. Puede ser cierto, no les digo que no, pero cuando haga esas cosas es cuando hay que darles cera, no cuando afirman algo que es básico en la teoría del derecho.

Por ponerles un ejemplo ilustrativo que cualquiera puede entender, no ser sujeto de derechos no quiere decir que se esté desprotegido. Por ejemplo las Meninas, la Muralla de Lugo o el Moisés de Miguel Ángel no tienen derechos pero no por ello puden ser destruidos. Nadie puede decir que “la Muralla tiene derecho a no ser derribada”, sería una estupidez, pero no por ello “tenemos derecho a derribar la Murall”. No confundamos los términos.

Decir que quien tiene derechos es la persona no quiere decir nada más que algo obvio: que hay que proteger a esa persona y sus derechos como tal. Si una persona quiere hablar castellano, gallego, catalán, vasco o lo que le venga en gana hay que proteger ese derecho, independientemente de todo lo demás (lo mismo ocurre con el lugar donde resida dicha persona), pero por el derecho de la persona, no por la lengua o el territorio.

Defender el derecho de la persona quiere decir que tiene las mismas obligaciones y derechos esté donde esté, frente a los “derechos territoriales” que, por definición, son una sandez que pretende decirnos que unos territorios valen más que otros. Abandonar el ilegal concepto del derecho de los territorios implica, lógicamente, que hay que acabar con ciertas aberraciones como que en Lugo la Sanidad pública no te cubra cosas que sí hace en Sevilla o viceversa. Porque es la persona, insisto, la que tiene derechos, no el territorio.

También implica que cualquier agresión a las personas por los supuestos derechos de una lengua o un territorio son un disparate. Eso quiere decir que es igual de grave obligar a alguien a usar un idioma que no quiere como prohibirle hacer uso de su lengua. Normalmente el nacionalismo (el que sea) oculta sus aviesas intenciones y sus abusos sobre las personas escudándose en el "derecho de las lenguas" o de "los territorios", una ficción que el derecho afortunadamente no reconoce.

Tener que explicar estas cosas suena ridículo en una sociedad que presume de moderna y de preparada, con gente que en el Facebook afirma saber de lo que habla (aunque no lo respalde con otro argumento que “porque lo digo yo”) pero recordando nuevamente lo que dijo Paco Vázquez, hay que hacer pedagogía de lo obvio.

Pues es obvio: solo las personas tienen derechos.

lunes, 15 de mayo de 2017

Un paso adelante


Protestar en los bares es algo tan castizo como la tortilla de patatas, y sin embargo es una práctica que, por sí misma, no soluciona nada. La ciudadanía tiene que tomar el control y pelear con las armas que el Estado de Derecho otorga a toda persona, siendo una de esas herramientas el acceso a la Fiscalía. Cualquiera puede presentar un escrito que ponga en conocimiento de ese organismo hechos que cree que pueden ser delictivos y será el ministerio público el que considere si hay indicios de delito o no y actúe en consecuencia.

Las empresas lucenses llevan muchos años pagando anuncios en una publicación oficial de las fiestas patronales por la que nos hemos enterado hace poco que la administración no veía un euro, pero que avalaba año tras año con un procedimiento oscuro y sin concurrencia competitiva de ninguna clase. Quien firmaba el “convenio” es una concejala que lleva ejerciendo como tal 18 años, con lo que la excusa de la ignorancia no es aceptable. Dar a dedo a una empresa la explotación del nombre de la ciudad no parece lo más razonable, y ahora veremos si es delictivo.

Los partidos de la oposición también han puesto la triste excusa de “no querer judicializar” la vida política para no cumplir las advertencias que hicieron en Pleno de recurrir a Fiscalía, y por eso somos los particulares los que tenemos que dar un paso adelante, para demostrar que no solo se protesta ante un café.

Hay que dar la cara, a riesgo de que te la rompan, y sin pretender ser ejemplo de nada sí me atrevo a decir a todos los que son conocedores de irregularidades o presuntos delitos que no solo tienen la posibilidad sino que todos tenemos la obligación de comunicarlos a las autoridades. De no hacerlo seremos cómplices de los desmanes que tanto nos escandalizan.

Artículo publicado en La Voz de Galicia el 13 de Mayo de 2017

miércoles, 19 de febrero de 2014

¿Dirigiendo el cansancio?

Ayer comenzó un interesante debate en un grupo de Facebook llamado “Lugo a Debate” sobre las nuevas agrupaciones y partidos que, como setas, están surgiendo en los últimos tiempos. La verdad es que es un tema bonito, y de ahí que lo traiga aquí, para darle una vueltecilla con ustedes, amigos lectores, que según Google me vienen siguiendo diariamente (he de decir que no sin cierto grado de sorpresa por mi parte).



Verán, hay dos posturas bien diferenciadas: la primera es la que ve estos movimientos con desconfianza, por no tener “pedigrí” o por sus cabezas de cartel, que suelen ser personas “revenidas” de partidos políticos por las razones que sean. La segunda es la que considera que los nuevos partidos son un síntoma de madurez democrática y de hartazgo de la ciudadanía, que por fin toma las riendas de su futuro y se agrupa para separarse de los viejos modos y maneras de los grandes partidos.

Personalmente creo que hay mucho más de lo primero que de lo segundo, aunque el argumentario se base más en lo segundo que en lo primero. Es decir, que si bien considero que el hartazgo de una buena parte de la ciudadanía es real, aunque a lo mejor no tanto como nos quieren hacer ver (creo firmemente en esa “mayoría silenciosa”, porque de otra forma los resultados electorales no se comprenden), también estoy convencido de que muchos de estos partidos surgen más por un “quiero ser Califa en lugar del Califa” que por otra cosa.

¿En qué me baso? Analicen los nuevos partidos que conocen y digan cuántos de ellos están formados por personas que no han puesto un pie en la arena política en su vida. Yo no conozco ni el primero. Evidentemente colgarles el sambenito de “cabreados” es una táctica de manual por parte de los partidos, que entiendo que están más nerviosos de lo que quieren traslucir, pero a mí no me miren que yo no soy precisamente el ideólogo de ninguna agrupación política. Lo que les digo se lo pongo porque lo creo, porque yo mismo apostaba por esas fórmulas pero no tardé demasiado en caer del caballo y ver que las que conozco suelen venir más de un “ya no me dan lo que pedía” que de un auténtico convencimiento democrático.

Claro que es una visión parcial, lo reconozco, derivada de las pocas experiencias que tengo razonablemente cercanas, pero es lo que pienso a día de hoy. Lo último lo digo porque dejo abierta la puerta a la esperanza.

Hay tres tácticas cuando en tu partido, asociación o lo que sea, te ningunean o directamente no estás de acuerdo con lo que se está haciendo. La primera es marcharte a tu casa, caso de María Sangil mismamente. La segunda es quedarte en un segundo plano aunque dando algún zapatazo de vez en cuando, como Esperanza Aguirre. La tercera es largarte y montar un partido “nuevo” como hicieron Rosa Díez u Ortega Lara.

Las tres opciones son respetables, como es evidente, aunque la última me cuesta un poco más tragarla porque me parece el reconocimiento de un fracaso en dirigir un grupo y una salida en plan “pues ahora me busco mi propio juego”, aunque hay matices. Por ejemplo, Ortega Lara se ha marchado del PP porque considera que existe una deriva en el partido de Rajoy, lo veo más un tema ideológico, mientras que Rosa Díez montó UPyD para luchar, presuntamente, con el nacionalismo que ella misma alimentó en sus altos cargos en el gobierno vasco cuando el PSOE pactaba con el PNV.

Las agrupaciones vecinales también tienen su punto, porque las que conozco vienen encabezadas por gente que lleva décadas en la arena política y que hace no mucho andaba por las sedes de sus expartidos con la gorra en la mano pidiendo favores que no se le concedieron, de ahí el cabreo y la revelación de que hace falta una nueva regeneración política. Como diría el Inspector Holmez (personaje de Superlópez) “Sospechoso, sospechoso”.

Francamente tengo que reconocer que me cuesta decir estas cosas, porque saben que siempre he defendido que la ciudadanía dé un paso adelante. El problema es que la masa tiene la tonta costumbre de dejarse guiar por espejismos y salir de la sartén para caer en las brasas, y no hará mucha falta que les recuerde mi ejemplo de cabecera: Hitler se presentó en su día como la alternativa a los “partidos tradicionales” y como la “voz del pueblo” y miren la que se lio.

No dejen que dirijan su cansancio, no lo permitan, úsenlo constructivamente y no sean vagos desde el punto de vista ciudadano. Entiendo que la gente está cansada y enfadada, y que los partidos, los grandes partidos, es decir, PP, PSOE, IU, BNG y el resto de la panda no dan muchas muestras de fiabilidad, más bien de lo contrario, pero insisto en algo que les he dicho más de una vez… para que esos partidos cambien han de cambiar sus componentes, sus bases y sus cargos. Si usted está enfadado con la política ejercida por otras personas intente ejercerla usted. Entre en el partido que menos le disguste y luche desde dentro para que funcione como debería.

El “aparato del partido” pesa mucho en todos ellos, pero a veces se lleva sorpresas. Miren lo que pasó en Madrid con Tomás Gómez, que se suponía que la dirección no lo quería pero ganó y era una de las voces críticas contra Zapatero. No siempre es todo tan fácil para el “aparato”, y menos si la población se lo toma en serio y entra en masa en los partidos.

jueves, 16 de enero de 2014

Ese no es el camino


Hoy toco de oído. La cosa va de la “revolución” de Burgos. Sólo sé lo que salió en los telediarios, que es tanto como no saber gran cosa porque hoy en día lo que hacen es repetirte varias veces el titular en lugar de profundizar en la noticia, así que si meto mucho la pata no me lo tengan demasiado en cuenta.

Tal y como nos lo han presentado la cuestión es como sigue: El ayuntamiento de Burgos decide la modificación de una calle para hacer aparcamientos subterráneos y peatonalizar en superficie, y los vecinos, que no lo consideran una obra necesaria y creen que es mejor gastar ese dinero en coas más urgentes, protestan.

Como las protestas no tienen resultado, aumentan la presión de la caldera y empiezan varias jornadas de violencia callejera con quema de contenedores, rotura de escaparates de negocios y, como siempre, particular incidencia de sucursales bancarias (a excepción de las vascas, curiosamente).

El ayuntamiento, ante este panorama, decide suspender las obras y abrir una negociación con los protestantes (no la religión, sino los vecinos de Burgos cabreados) y a ver cómo sigue el culebrón.

Pues me preocupa mucho la decisión del ayuntamiento. Verán, estamos en un momento tan sumamente contradictorio en que encuentras a quien te dice que la gente no sale a la calle pase lo que pase y quien afirma justo lo contrario. Aunque parezca una paradoja estoy de acuerdo con las dos partes. Me explico: la población no sale a la calle con facilidad, ni siquiera para cosas importantes y en la que le van sus propios intereses, porque somos bastante perezosos, pero sí hay un grupo de personas que en vez de paraguas en la entrada de casa tienen pancartas de lo mucho que las usan. Como todas las generalizaciones esta supongo que también es muy injusta pero a ver si matizamos un poco más.

Quienes presumen de “antisistema” suelen tener una facilidad pasmosa para salir a gritar a la calle por cualquier causa, y si ésta se vende bien en prensa ya ni les cuento. Sirven para un roto como para un descosido, y los más radicales suelen ampararse en la masa, en el grupo, para dar rienda suelta a su violencia incluso sin estar necesariamente de acuerdo con la reclamación. Supongo que en este caso ha pasado esto y que entre mucha buena gente que realmente está preocupada por el futuro de su ciudad se metieron unos cuantos desgraciados que compensan a golpes sus paranoias. El problema es que los demás vecinos no identifiquen y denuncien a esos bárbaros que lo único que hacen es deslegitimar su protesta.

No dudo que los vecinos de Burgos tengan sus motivos para la movilización pero nada, absolutamente nada, justifica que la oposición a unas obras decididas por el pleno de un Ayuntamiento acabe en vandalismo. Y lo peor de todo es que el alcalde, por la vía de los hechos, ha legitimado esta actitud.

Supongo que no tenía mucha más opción, porque la otra salida era llamar al ejército para defender a las brigadas de obras, pero ya me dirán ustedes qué clase de democracia es esta en que a bofetadas se pueden paralizar decisiones, aunque sean equivocadas. Si se hubieran encadenado a los árboles de la calle (es un decir, no sé si tienen árboles) o hubieran hecho una sentada silenciosa, o una huelga de hambre, yo no estaría escribiendo esto… pero no puedo aceptar el vandalismo como una forma legítima de presión a una administración.

Es un camino peligroso que se ha iniciado en Burgos, y los ánimos están bastante caldeados en temas mucho más importantes que ese así que a ver cómo acaba esto.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Creencia ciega

Lo de tirar de la manta se está convirtiendo en una divertida ocupación que se puede interpretar desde dos puntos de vista: el de la espada flamígera de la justicia, que ilumina el mundo con la Verdad, o el menos noble pero más entretenido argumento del “como me hunda te vas a cagar, que te vienes conmigo”. Conociendo la idiosincrasia nacional me temo que somos más de lo segundo que de lo primero, y encima da más espectáculo.

Dorribo, Bárcenas, los trabajadores de la televisión pública valenciana y el exalcalde de Vigo, Carlos Príncipe, tienen en común esa táctica, la de pretender indignar a la opinión pública con los sucios manejos, comisiones, ilegalidades, compadreos, latrocinios, enchufes, abusos y demás hierbas presuntamente crecidas durante muchos años en sus lugares de trabajo… y de los que fueron cómplices hasta que se les acabó el chollo.

El problema de todo esto es que aquí a nadie se le pasa por la cabeza poner en duda las acusaciones de estas personas. La obvia y evidente animadversión de los trabajadores hacia los responsables de su despido, del chorizo hacia quien no ha tapado sus chanchullos (esto vale para Dorribo y para Bárcenas), o del hombre de partido dolido con sus compañeros por un expediente de expulsión, parece que no hacen mella en la presunción de veracidad de sus acusaciones, en ocasiones sostenidas únicamente por sus rabiosas palabras.

Que ahora nos vengan tres trabajadoras de Canal Nou a denunciar abusos sexuales de un directivo que dicen que se masturbó en su presencia “entre 2007 y 2010” es un chiste de mal gusto. Que Dorribo acuse a quien le venga en gana y haga caer a un ministro porque entrar en el juzgado es más fácil que salir, es desesperante. Que Carlos Príncipe saque a la palestra ilegalidades de las que tiene constancia porque se encabrona con sus otrora colegas de partido (dicho sea de paso, el cabreo es más que razonable porque el expediente se lo abren por presentar en una conferencia a Rueda, ahí no hay “alianza de civilizaciones”), parece que es una violación del deber cívico que tenemos todos de poner en conocimiento de las autoridades los delitos de que se tiene constancia. Que Bárcenas asegure que todos estaban al tanto, es más de lo mismo.

Un ciudadano de a pie, entre los que me incluyo, ha de tener un punto de vista crítico con todo esto. Ni creerse a pies juntillas toda cuanta barbaridad oigamos, ni dar por sentado que todo es mentira. Sólo queda una salida: creerse lo que se pueda demostrar y poner en duda todo lo demás. Es lo que indica el sentido común.

Pero para hacer eso uno necesita un modelo, y carecemos de referentes. El PSOE se frota las manos pensando en Bárcenas como su caballo de Troya para entrar en un gobierno que las encuestas aseguran que tiene cada día más lejano, pero argumenta que Príncipe es un cochino mentiroso y que hay que asumir una presunción de inocencia que ellos no respetan con Rajoy. Lo mismo al revés, como suele pasar: al PP le hacen los ojos chiribitas viendo la casa viguesa del PSOE más revuelta de lo que se imaginaban por una tontería como presentar una conferencia.

Ninguno aplica principios que deberían ser evidentes. Ninguno cree en un Estado de Derecho en que las acusaciones hay que demostrarlas. Ninguno defiende la presunción de inocencia, salvo que se acuse a los nuestros, que entonces parecen los Padres Fundadores.

Entonces, ¿a quién va a mirar el ciudadano medio para buscar un referente moral? ¿A los acusadores? ¿A los acusados? ¿A los medios de comunicación que están deseando más carnaza porque creen que sólo vale el periodismo de catástrofes? Es tan difícil…

A riesgo de ser pesado, les repito lo de costumbre: duden de todo. Duden de los criticados. Duden de los críticos. Duden de las fuentes. Duden de los medios de comunicación… Duden incluso de la duda.

Es bonito seguir una creencia ciega porque te facilita la vida, pero luego no se extrañen si se revela falsa. Como todas las creencias ciegas.