miércoles, 20 de noviembre de 2013

Memorias históricas

¿Quién dijo que en España había muerto el noble arte de la lectura? José Bono, José María Aznar, Pedro Solbes y, por encima de todos ellos, Belén Esteban, acaban de sacar exitosas memorias de sus vivencias personales. Todos ellos libros de gran interés, o al menos eso parece porque se han vendido como rosquillas e incluso el de la Esteban se colocará seguramente como uno de los regalos preferidos en estas próximas fiestas navideñas.

¿Y qué ponen los libros? Me imagino que, respectivamente, “Yo pasaba por allí pero no tengo culpa de nada”, “Después de mí, el desastre”, “Mira que se lo dije, pero ni caso” y “Cómete el pollo, Andreita”… todo ello para mayor gloria de la literatura.

De todos estos libros hemos podido ver interesantes avances en la prensa, y el más reciente de los que he visto, el de Solbes, tuvo hace un día o dos una repercusión en formato de entrevista en El País. Solbes declaraba que había dejado el gobierno de Zapatero porque no le hacían caso a pesar de que él insistía en que era absolutamente necesario hacer recortes, la palabra maldita.

Solbes se hizo un nombre en la economía después de dejar el país hecho unos zorros con Felipe González, y se coronó nuevamente como el fénix de los ingenios económicos durante los gobiernos de Zapatero, hasta que se hartó y colgó la cartera ministerial. Para que este señor, que es uno de esos supervivientes al estilo de Rubalcaba y alguno más, dejara todo y se largara ya podía ser grave la cosa, y lo fue como hemos visto después.

Pero lo más curioso de todo es que se demuestra, con la publicación de estas memorias, que nos mintió a la cara y a los dientes. Nos hablaban de brotes verdes, de mejoras económicas y cosas similares cuando sabían perfectamente que estábamos cayendo en el abismo, y no sólo eso sino que encima podían haber puesto una red pero no lo hicieron porque se venían encima unas elecciones que querían ganar, y ganaron.

El señor Solbes ha perdido una ocasión magnífica para quedarse callado. Al menos su conciencia le podría gritar, pero lo que se está buscando es que lo mandemos entre todos a la mierda por decir en el 2013 lo que tendría que haber denunciado hace muchos años, cuando había solución para no meternos en el agujero.

¿Que a qué viene todo esto? Pues porque tenemos la memoria muy frágil. La gente parece que está muy alterada por los recortes, pero algo me dice que esa gran contestación en la calle no es tal en realidad. Las encuestas dicen que el PP remonta y el PSOE sigue estancado, y si se fijan quienes intentan agitar las aguas son los que normalmente salen ganando cuando gobierna la izquierda: partidos que se alían con ellos habitualmente, sindicatos y otras hierbas que crecen a una velocidad pasmosa cuando la rosa ocupa el gobierno.

Creo que los españoles somos bastante más espabilados de lo que nos quieren hacer creer. Vale que las cosas no están bien, y que vamos a tardar en estar a un nivel aceptable en temas de inmensa gravedad como el paro, pero también es cierto que estamos “menos mal” que hace unos pocos años. ¿Se acuerdan de cuando el rescate era “inevitable” e “inminente”? ¿De cuando nos decían que no acabaríamos el año sin que nos invadiera la Unión Europea? Y aquí estamos, manteniéndonos a flote, con problemas pero lejos de los graves escenarios de Grecia o Portugal.

Rajoy lo está haciendo bien, es innegable. ¿Que hay muchas más cosas que hacer? Desde luego. ¿Que se está perdiendo una ocasión magnífica para meter mano al lupanar que suponen los multigobiernos autonómicos? Sin duda alguna… y muchas más cosas pero la cosa va mejor, o al menos va "menos mal". Ya es algo aunque no nos podamos confiar todavía.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Incumplir una sentencia no soluciona nada

Vuelvo a hablar de Estrasburgo porque seguimos dando vueltas a si se cumplen o no se cumplen las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. ¡De Derechos Humanos, insisto! Escudarse en que se pude incumplir una sentencia sin que pase nada para pedir que no se ejecuten aquellas sentencias que no nos gusten es una barbaridad de marca mayor. Y aunque imagino que no debería tener que hacerlo les voy a explicar por qué esto es así.

Supongamos que usted y yo tenemos un problema que cada uno, como es habitual, ve desde su punto de vista. La única forma de resolverlo es o liarnos a puñetazos, lo que no es lo más recomendable en una sociedad que se dice civilizada, o lo planteamos a una tercera persona que nos resuelva el conflicto. Esa tercera persona tiene que basarse en algo, una serie de normas, con lo que cuanto más preparada esté en el tema mejor, así que se crea una administración de justicia que elige a la gente en función de criterios objetivos mediante una oposición. Esa será la persona que nos resuelva el conflicto.

Una vez esa persona toma una decisión existe la posibilidad de, si una de las dos partes no está de acuerdo, ir a preguntar a otra que está por encima. Y si sigue el desencuentro a otra más. Y ya está que bastante es que tres tíos que no se conocen de nada ni te conocen a ti ni a mi digan lo mismo. Pues bien, imagine ahora que tras tres personas encadenadas dándole la razón yo me niego a cumplir lo que dicen. ¿Entonces qué demonios pintamos aquí todos perdiendo tiempo y dinero en un juzgado?

Y ahora imagine que yo soy el Estado. Con mi poder absoluto, mis presupuestos, mis fuerzas de seguridad, mis legiones de funcionarios, mis normas unilaterales de obligado cumplimiento… soy yo ahora, el Estado en todo su esplendor expansionista y metomentodo, el que se niega a someterse a una justicia que se supone que es una de mis patas. El todopoderoso Estado que se dice democrático pero que abusa diariamente de la confianza que hemos depositado en él para tomarse unas libertades que a ciertas dictaduras les pondrían verdes de envidia.

¿Es a ese Estado al que estamos pidiendo de rodillas que incumpla una sentencia? ¿Nos quejamos todos los días de “los políticos” achacándoles todos los males pero estamos razonando para que esos mismos políticos no se tengan que sujetar a la justicia cuando no les conviene? ¿Están ustedes seguros de la burrada que están pidiendo?

“Pero sólo sería cuando haya alarma social, o cuando el Pueblo lo exija”… Ya, ya, ya… “El Pueblo”, “la voz del Pueblo”… Y por curiosidad, ¿quién interpreta esa voz? ¿Alguna persona que elijamos entre todos para representarnos? Porque esa es la definición del político en democracia. ¿Un “sumo pontífice de la democracia”? Si quieren les recuerdo las salvajadas que se hicieron históricamente en nombre de la voluntad de Dios por culpa de sus “intérpretes”. ¿O mejor los medios de comunicación? ¿Acaso no tienen ya bastante poder como para que encima les demos un derecho de veto sobre las sentencias judiciales? ¡Es de locos!

Esto me recuerda sospechosamente a la época en la que José Blanco pedía que la presunción de inocencia no se aplicara, aunque no con esas palabras. Ahora, que ha probado de su propia medicina, reconoce que erró gravemente. Si hubiera terminado derecho (en su currículum ponía “estudios en derecho” que viene a ser que tiene unas cuantas asignaturas y luego lo dejó para dedicarse a cosas más “produtivas”) habría aprendido la importancia de ese principio antes de ponerse a redactar leyes. Lo de este país no tiene nombre.

Piénselo un poquito. Imagine que a usted lo encarcelan injustamente, que aunque no se lo crea es posible. Imagine que su caso llega a Estrasburgo y el tribunal le da la razón… Imagine que el Estado se niega a soltarlo porque no le sale de las narices. Después de todo, ¿por qué íbamos a ejecutar en España esa sentencia que a usted le gusta pero no la de los etarras que no nos gusta a ninguno?

Pues es un sapo que hay que tragar, aunque esté lleno de verrugas y se retuerza en el barro. Hay que asumir que la prórroga en la cárcel de cierta gente fue ilegal, porque las leyes que había en España en ese momento eran de chiste. El error no está en la sentencia, sino en el código penal de Pocoyó que estaba vigente cuando se condenó a esta gentuza. Ya se han cambiado, pero ahora es tarde para esos casos. Reclamen a quien hizo esas normas.

A mí tampoco me gusta, pero la alternativa me gusta todavía menos. Incumplir una sentencia no soluciona nada pero lo complica todo mucho más.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Pesadilla Navideña

El cachondeo generalizado en España es algo muy nuestro. Estamos a la que salta en este país, que ha hecho chistes de las mayores desgracias de las que tenemos memoria, salvo el 11-M que sería mucho hasta para nosotros. Pero lo demás ha sido objeto de escarnio: las niñas de Alcásser, el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la desgracia de Biescas, los defectos físicos de nuestros famosos… Es algo muy típico, e incluso ya en la Edad Media los cancioneros y chascarrillos incluían ridiculizar a los de arriba, quizás porque era de lo poco que se podía hacer como rebelión.

Pues con ese acervo cultural tan arraigado, sólo puedo hacerme una pregunta: ¿Quién ha sido el lumbrera que ha parido el anuncio de la lotería de Navidad de este año? ¿Acaso tiene algo contra la pobre Montserrat Caballé para hacerle parecer la abuela de Chucky, el muñeco diabólico? ¿A Marta Sánchez no le llegaba con hacer el ridículo en Tu Cara Me Suena que ahora también nos hace reír en los intermedios de otros programas? ¿Raphael aspira a ser el protagonista de las pesadillas de los niños como el nuevo Scrooge?

Curiosamente los que se salvan son Bustamante, que me caía fatal pero al que guardo un respeto porque a mi abuela le encantaba, y la Niña Pastori. Son dos de cinco, así que mal.

No ha faltado, evidentemente, el comentario generalizado que se viene a resumir en un “¿pero qué coño es esto?”. Si pretendían que así compráramos lotería lo llevan crudo, porque lo único que provocan es que compremos rifles y víveres para la invasión de los muertos vivientes que parecen anunciar para nochebuena.

Es la manía de querer arreglar algo que no está roto. La Lotería había conseguido tener un anuncio que se había colado en nuestra imaginería nacional como algo propio de la época. “El Calvo de la Lotería” entró a formar parte del selecto, reducido y envidiado club de anuncios que marcan colectivamente nuestras fiestas como el de El Almendro o las Muñecas de Famosa. Cargarse ese capitalazo publicitario por hacerse el original son ganas de hacer el idiota, y encima para hacer esto.

En cuanto a la música, qué quieren que les diga. Anda que no hay en España villancicos a punta pala para versionar que se tienen que ir a una canción compuesta para Elvis para destrozarla con un pavisoso “aquí está la Navidad” compuesto para “quinteto de zombis y orquesta”. Se podían haber dejado convencer por Raphael y versionar “El tamborilero”, que creo que es una de las canciones más propias de la época y más fácilmente versionables. Mejor eso que dejar al pobre hombre acabar el anuncio con una especie de amenaza velada.

Que vuelva el calvo, y que vuelva la música de Doctor Zhivago, que vale que no es un villancico pero ya la teníamos interiorizada y a la mitad de la población no le sonaba de nada. Para una vez que aciertan de pleno, van y lo cambian.

Hay aquella frase que decía que lo bueno es que hablen de ti, aunque sea mal. No lo creo. La Lotería ya es conocida en todo el universo (es decir, en España) sin necesidad de hacer el ridículo. Y lo han hecho, vaya si lo han hecho.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El coste de la contaminación

La justicia ha hablado, y lo ha hecho de una forma que el público en general no comprende. Reconozco que a mí también me cuesta procesarlo. El Prestige no genera condenas para nadie, y eso se traduce en una lógica indignación popular, pero en mi modesta opinión, mal dirigida como suele suceder cuando hablamos de estas cosas de juzgados.

Si hoy se hundiera el Prestige habría condenas. Porque las leyes han cambiado, precisamente, a causa del Prestige. Lo mismo sucede con el terrorista que pusiera hoy la bomba o pegara hoy el tiro, que se le aplicaría la legislación que hay, no la que hubo. Es lo mismo que pasó con la famosa sentencia de Estrasburgo. Igualito. E igual de difícil de comprender.

Hoy habría condenas porque se han endurecido notablemente las legislaciones que permitían hace 11 años navegar a esa porquería de barco lleno de sustancias contaminantes. Y las legislaciones no sólo se han endurecido en España sino a nivel internacional.

Sí, es injusto, ya deberían ser duras antes, pero señores, les recuerdo que hasta hace muy poco tiempo no existía en España la “prisión permanente revisable” (alias constitucional de la cadena perpetua) porque se consideraba una idea “reaccionaria” desde quienes hoy se indignan porque salen a la calle 26 años después unos terroristas condenados. A ver a qué estamos.

De todas formas, y permítanme la comparación, estoy estupefacto por las reacciones, y a ver si me explico bien que si no me van a moler a palos cualquier día de estos. No deja de sorprenderme la gran campaña que dice que “contaminar sale gratis” que proviene de los mismos que están montando un tremendo lío por la subida de tasas de Sogama. Ahora me explico, no se alarmen.

Lo del Prestige fue un accidente. Creo que en eso estamos todos de acuerdo y que nadie vendrá a estas alturas a decir que fue a propósito. Otra cosa es que el accidente se gestionara bien o mal. Por lo que se ve, la justicia dice que bien, lo que es llamativo por las consecuencias, pero a veces hay males que son imposibles de gestionar. Si hubieran intentado meter el barco a puerto y se hubiera roto a tres kilómetros de La Coruña no me quiero imaginar lo que habría podido pasar y lo que les habrían dicho. Las causas del accidente, en mi opinión, están en permitir que un barco-basura llevase en sus bodegas una bomba de relojería ecológica que nos explotó a los gallegos en plena cara.

¿Y eso qué tiene que ver con Sogama? Pues mucho. Sogama es una empresa pública encargada de esconder nuestras vergüenzas como sociedad. En un momento en que todo viene envasado, etiquetado, individualizado, plastificado, envuelto, preparado y procesado, generamos una barbaridad de basura que es de difícil comprensión. Un hogar de dos personas no baja menos de seis o siete bolsas de basura por semana a la calle, lo que es una locura… y eso también es contaminar.

Nos rasgamos las vestiduras con el Prestige, lo cual es totalmente lógico y es de los casos en que se comprende esa actitud, pero nos falta un poco de reflexión en el ámbito privado. ¿De verdad tenemos la cara de decir que “contaminar no puede salir gratis” y luego nos ponemos como basiliscos cuando nos van a subir 83 céntimos al mes de tasa de basuras? Porque no se dejen engañar por los porcentajes, la subida de tasas de Sogama supone 10 euros al año por hogar, lo que sale en 83 céntimos al mes.

83 céntimos al mes que suponen que los presupuestos de Galicia no tengan que soportar el coste de la “magia” que hace que cuando echamos la bolsa al contendor nos podamos olvidar de ella y de nuestra pobre aportación al medioambiente, tanto individualmente como colectivamente como especie.

No sé si me he explicado bien. Espero que nadie lea esto y diga “¿me está comparando el Prestige con echar la basura?” porque no es eso. Es intentar ser conscientes de que, como colectivo, generamos miles y miles de toneladas de basura que son, con el paso del tiempo, tan contaminantes o más que el Prestige, y que ahí no aceptamos que se nos pida una compensación de unos céntimos más al mes pero pedimos “condenas ejemplares” siempre que no nos toque a nosotros. Siempre que sean “los políticos” a los que, como si fueran la Caja de Pandora, se achacan los males del mundo.

Todos somos contaminantes, y cada vez más. Eso no es disculpar al Prestige ni mucho menos, es condenarnos a todos por el mismo rasero, porque encima lo del barco fue un accidente puntual, pero lo otro es nuestra forma de vivir de forma continuada por los siglos de los siglos.

Y el que esté libre de pecado que tire la primera bolsa.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Creencia ciega

Lo de tirar de la manta se está convirtiendo en una divertida ocupación que se puede interpretar desde dos puntos de vista: el de la espada flamígera de la justicia, que ilumina el mundo con la Verdad, o el menos noble pero más entretenido argumento del “como me hunda te vas a cagar, que te vienes conmigo”. Conociendo la idiosincrasia nacional me temo que somos más de lo segundo que de lo primero, y encima da más espectáculo.

Dorribo, Bárcenas, los trabajadores de la televisión pública valenciana y el exalcalde de Vigo, Carlos Príncipe, tienen en común esa táctica, la de pretender indignar a la opinión pública con los sucios manejos, comisiones, ilegalidades, compadreos, latrocinios, enchufes, abusos y demás hierbas presuntamente crecidas durante muchos años en sus lugares de trabajo… y de los que fueron cómplices hasta que se les acabó el chollo.

El problema de todo esto es que aquí a nadie se le pasa por la cabeza poner en duda las acusaciones de estas personas. La obvia y evidente animadversión de los trabajadores hacia los responsables de su despido, del chorizo hacia quien no ha tapado sus chanchullos (esto vale para Dorribo y para Bárcenas), o del hombre de partido dolido con sus compañeros por un expediente de expulsión, parece que no hacen mella en la presunción de veracidad de sus acusaciones, en ocasiones sostenidas únicamente por sus rabiosas palabras.

Que ahora nos vengan tres trabajadoras de Canal Nou a denunciar abusos sexuales de un directivo que dicen que se masturbó en su presencia “entre 2007 y 2010” es un chiste de mal gusto. Que Dorribo acuse a quien le venga en gana y haga caer a un ministro porque entrar en el juzgado es más fácil que salir, es desesperante. Que Carlos Príncipe saque a la palestra ilegalidades de las que tiene constancia porque se encabrona con sus otrora colegas de partido (dicho sea de paso, el cabreo es más que razonable porque el expediente se lo abren por presentar en una conferencia a Rueda, ahí no hay “alianza de civilizaciones”), parece que es una violación del deber cívico que tenemos todos de poner en conocimiento de las autoridades los delitos de que se tiene constancia. Que Bárcenas asegure que todos estaban al tanto, es más de lo mismo.

Un ciudadano de a pie, entre los que me incluyo, ha de tener un punto de vista crítico con todo esto. Ni creerse a pies juntillas toda cuanta barbaridad oigamos, ni dar por sentado que todo es mentira. Sólo queda una salida: creerse lo que se pueda demostrar y poner en duda todo lo demás. Es lo que indica el sentido común.

Pero para hacer eso uno necesita un modelo, y carecemos de referentes. El PSOE se frota las manos pensando en Bárcenas como su caballo de Troya para entrar en un gobierno que las encuestas aseguran que tiene cada día más lejano, pero argumenta que Príncipe es un cochino mentiroso y que hay que asumir una presunción de inocencia que ellos no respetan con Rajoy. Lo mismo al revés, como suele pasar: al PP le hacen los ojos chiribitas viendo la casa viguesa del PSOE más revuelta de lo que se imaginaban por una tontería como presentar una conferencia.

Ninguno aplica principios que deberían ser evidentes. Ninguno cree en un Estado de Derecho en que las acusaciones hay que demostrarlas. Ninguno defiende la presunción de inocencia, salvo que se acuse a los nuestros, que entonces parecen los Padres Fundadores.

Entonces, ¿a quién va a mirar el ciudadano medio para buscar un referente moral? ¿A los acusadores? ¿A los acusados? ¿A los medios de comunicación que están deseando más carnaza porque creen que sólo vale el periodismo de catástrofes? Es tan difícil…

A riesgo de ser pesado, les repito lo de costumbre: duden de todo. Duden de los criticados. Duden de los críticos. Duden de las fuentes. Duden de los medios de comunicación… Duden incluso de la duda.

Es bonito seguir una creencia ciega porque te facilita la vida, pero luego no se extrañen si se revela falsa. Como todas las creencias ciegas.

martes, 12 de noviembre de 2013

Confío en la Policía

Creo que voy a dejar de insistir en usar el Twitter. No sólo no le pillo el tranquillo sino que para mí, que soy de párrafo largo y explicación pormenorizada, me cuesta mucho reducir a 160 caracteres una idea sin que me salga rana. Ayer mismo me pasó.

Cuando me dirigía ayer por la mañana al trabajo vi que, frente al edificio de la Xunta de Galicia, detenían a un tipo. Lo que llegué a observar es al hombre tirado en el suelo boca abajo, esposado e inmovilizado, y una nube de policías a su alrededor. Bueno, quien dice nube dice 7 u 8.

Me llamó la atención por el número y lo “retransmití” vía Twitter poniendo literalmente lo siguiente: “Espectacular detención frente a la Xunta por la mañana. Tres coches patrulla para reducir a una persona... #proporcionalidad”. No fue un comentario afortunado, hay que decirlo, porque transmite una crítica a la policía que no pretendía.

Como encima ahora las redes se enlazan solas para dar más difusión a los textos, esto saltó también al Facebook (luego nos quejamos del espionaje, pero es que lo ponemos tan fácil…) y ahí es todavía peor, porque parece que si escribes poco es porque lo tienes muy claro, así que la mala redacción del “twit” se interpreta aún peor en la otra red.

En fin, a lo que iba, que me critico a mí mismo. Que no estoy de acuerdo con lo que transmite ese mensaje. No era la intención y lo único que pretendía decir es que me llamó mucho la atención lo de tener tres coches para detener a un tío.

Obviamente no es tan sencillo, como bien me hizo notar un buen amigo de la policía nacional, que me dijo que no es lo mismo un duelo que una detención, y que para esta última, cuantos más mejor. Si encima el detenido es, como en el caso de ayer, un tipo que no está en sus cabales y que agredió a gente sin mediar palabra, peor me lo pones.

Como buen liberal que soy no me gusta el ejercicio de la fuerza ni del exceso normativo por parte del Estado, pero eso no quiere decir que nunca sea necesaria. Una cosa es el liberalismo y otra la estupidez, no nos confundamos. Si un tío agrede a la gente por la calle, claro que tiene que venir la policía, y a poder ser en buen número, a acabar con esa situación, y punto.

Ahora la cuestión que agrava el tema es que el chaval (debía de andar sobre los treinta o treinta y pocos) se murió camino al HULA, y vendrán los dimes y diretes de la acción policial. Bueno, pues aquí lo que procede es una autopsia para evitar posibles problemas a los policías, ya que si este hombre estaba tan mal como parecía probablemente hubiera tratamientos psiquiátricos de por medio, y si ayer, como decía algún funcionario, se pretendía arrojar a los coches, es que muy bien no estaba.

Soy liberal, como decía, pero tengo una tendencia a creer en la versión de la Policía que se basa en que ocho señores pagados para defenderme no tienen por qué mentir. Y si lo hace, la sanción deberá ser proporcional a la traición en la confianza de la sociedad. Pero primero tiene que haber esa confianza. Por mi parte la hay. Confío en la Policía, al menos hasta que me demuestren lo contrario.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El nuevo PSOE, el viejo PSOE

Es curioso escuchar a Rubalcaba autoproclamándose como la renovación en el PSOE. Más que nada porque lleva desde que tengo memoria metido en el ajo político. Sin embargo no puede uno fiarse, porque como el ave faisán… perdón, el ave fénix (no sé en qué estaría yo pensando) es mítica su capacidad de regeneración para mantenerse en el cotarro a costa de lo que sea y de quien sea.

He de admitir, sin embargo, que hubo dos mensajes que me gustaron de don Alfredo, sólo que me cuesta creer que los lleve a cabo. El primero es el de que denunciarán los acuerdos con la Santa Sede en cuanto lleguen al poder de nuevo. Mi incredulidad deriva de que tuvieron largos, larguísimos años, para hacerlo sin que se les pasara por la cabeza tal cosa, y eso siendo el partido que más años ha gobernado en España desde la muerte de Franco. Sin embargo, si es cierto, bienvenido sea ese paso que supone, por fin, la separación de Iglesia y Estado que muchos ansiamos desde hace años.

Supongo, eso sí, que el fin de las subvenciones a la Iglesia Católica también implicará el fin de las subvenciones de las demás confesiones religiosas, a menos que éstas tengan el aquel de las minorías, que siempre queda bien en prensa (y la foto con el señor de turno vestido de algo diferente de un cura vende un montón), o lo de la alianza de civilizaciones, que vale para todas menos para la católica, apostólica y romana. Se ve que es una civilización demasiado ajena.

El otro mensaje que me gustó es el de que “nosotros somos socialistas, no nacionalistas”. Quedar queda superideal en este momento, pero no sé qué tal lo llevará el PSC, que les recuerdo que no es parte del PSOE y que va por libre a las elecciones, o el amigo Besteiro. La aplicación de ese principio tan lógico tiene un problema grave: la “realpolitik” que hace que sin los nacionalistas, con Beiras al frente, el PSOE en Galicia tenga menos que rascar que UPyD después de lo del gallego “en el peor de los sentidos”.

A lo mejor es que están dispuestos a sacrificar sus votos en Cataluña y Galicia para lograr entrar en un granero del PP como es Madrid, pero no sé por qué tengo mis dudas de la habilidad de esa maniobra, aunque si les soy sincero me suena bien.

El PP recupera puntos en las encuestas y el PSOE sigue estancado. Es muy complicado vender un mensaje de renovación cuando el tipo que lo lanza es el mismo que dejó a este país al borde de un “evidente” e “inevitable” rescate que nunca se llegó a producir… por suerte.

Quizás Rubalcaba sólo quiere ganar tiempo para buscarse una salida digna. Suponiendo que sea posible.