| El premio gordo no fue el del 22 de diciembre, será el 14 de enero |
La política debería ser una dedicación noble, basada en ideales y cuyo fin último es el avance común de la sociedad, pero no lo es. La estructura de partidos políticos, organizaciones cuyo fin último no es alcanzar unos objetivos ideales sino obtener y mantener el poder a toda costa, ha ensuciado el concepto y ha logrado que no sólo subroguemos en ellos la soberanía popular, sino que la gran mayoría de la población sea cómplice voluntario o involuntario de sus estrategias.
El común de los mortales no piensa por sí mismo o lo hace muy limitadamente. Ser de unos o de otros ha convertido lo que antes eran “simpatizantes” o incluso “militantes” en hooligans de difícil recuperación, porque no atienden a razones, ni argumentos, ni a ideas sino a consignas y soflamas, que se siguen ciegamente incluso aunque sean contradictorias. Eso es lo de menos, lo importante es preservar al “líder” y al todopoderoso “partido” porque sólo su luz puede iluminar al mundo.
Los ejemplos son tan habituales y groseros que se han convertido en algo que ni llama la atención. Partidos de corte liberal o de derechas, como el PP, defienden en el pleno de Lugo la municipalización de los servicios, mientras que los que se dicen de izquierdas privatizan todo cuanto cae en sus manos al tiempo que cacarean defender lo público. Nadie, quizá con la honrosa excepción de Comisiones Obreras del Ayuntamiento de Lugo, se extraña de que un bipartito “progresista” formado por PSOE y BNG mantenga un discurso tan claramente opuesto a su diaria y omnipresente privatización.
Pero las contradicciones no sólo se ciñen a ese asunto, sino que es algo totalmente generalizado, ya que en lugar de seguir ideales se siguen tácticas y éstas varían tanto como el momento en que se requieren. Hay momentos en que se ganan votos pareciendo una cosa y otros en que es mejor aparentar la contraria, y creen que en lugar de generar confusión lo que se logra es un efecto publicitario a corto plazo, lo que posiblemente sea cierto, pero tapa el desencanto de fondo que se está generando entre la población de forma lenta pero inexorable. De ahí salen después los partidos antisistema, del hartazgo.
El “Tomégate” es otro buen ejemplo. Los tiene a todos muy nerviosos. Es normal. La Diputación es un premio muy jugoso y el cristo que tienen montado revuelve unas aguas que hasta ahora parecían la consabida balsa de aceite y que ahora hacen que ni unos tengan tan seguro poder hacer valer su mayoría fabricada, ni otros tan claro que no se entiendan los de enfrente para mantener sus (muchos y nunca soñados) sueldos. Por eso cada uno dice lo que le conviene, aunque se separe de sus discursos básicos y tradicionales, ya que no toca ahora ser serio sino práctico.
Mientras el PP ha tirado por la borda la presunción de inocencia de Tomé, y “exige” que ni el expresidente ni Pilar García Porto participen en votación alguna porque podrían “manchar” los acuerdos (recordemos que no hay acusación formal alguna ni, que sepamos, siquiera una investigación), PSOE y BNG ponen velas a los dos “apestados” porque de ellos depende mantener sus coches oficiales, sus presupuestos y, en definitiva, su poder. Nadie piensa en el fondo del asunto, porque a nadie le conviene.
El PP debería ser el adalid de la prudencia porque incluso aunque haya una investigación formal puede no pasar nada (el exconselleiro Villares podría darles un cursillo sobre este tema), PSOE y BNG afirman que ya no tienen nada que ver con los presuntos implicados y les importa un carajo que sean o no culpables (Orozco, Fernando Blanco o el propio Besteiro deberían poder ayudarles a reflexionar sobre esto, pero se ve que no interesa), pero tampoco renuncian a apoyarse en sus votos para mantener el poder, y no sólo es para una investidura sino para el año y pico que resta de mandato.
Si el día 14 PSOE y BNG aceptan gobernar con los votos de Tomé y García Porto habrán caído en su propia trampa y tendrán que sufrir el desgaste de estar señalados, hasta mayo del 27, como usufructuarios de quienes, según sus propios criterios, no deberían estar ahí. Pero la alternativa es difícil, sobre todo para el BNG: o dejar que gobierne el PSOE en solitario (para lo que también deberán unir sus votos a los dos “manchados”) o que entre el PP con sus 12 diputados y poner velas a Santa Rita para que esto se arregle en 4 meses, ya que en el último año anterior a las municipales no se puede presentar una moción de censura.
Es una situación imposible que el PP está calentando de una forma tácticamente perfecta pero ideológicamente insostenible. Pero ¿a quién le importa? De la vergüenza no se come.
Ambas partes parecen ignorar que no existe, insisto que sepamos, ningún tipo de denuncia, investigación judicial o policial. Sólo hay unas supuestas denuncias en un canal interno de un partido político de las que no se sabe más que lo publicado por la prensa. Pero da igual. Lo importante es el show business, porque es la forma de alcanzar el trofeo: el poder.
Como divertimento no les niego que el miércoles que viene den ganas de ir al Pleno de la Diputación con una buena provisión de palomitas, pero seguimos sin darnos cuenta de lo triste que es todo esto no sólo por las formas sino, sobre todo, por el trasfondo.
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