| El salón abarrotado y un momento de la charla. (Gracias Vítor por las fotos) |
Soy consciente de que mucha gente se espera un resumen de los contenidos de lo que hablamos ayer Rubén Arroxo y yo, defendiendo cada uno la propuesta que hicimos desde nuestras respectivas organizaciones (BNG y Lugo Monumental), pero no lo voy a hacer. Nuestra propuesta la pueden leer con cierto detalle en la web de la Asociación (www.lugomonumental.es) y la del BNG también es bastante conocida (la creación de un parque tirando la estación). En breve, si todo va bien, también podrán ver la charla en YouTube así que no les voy a repetir lo hablado.
Ayer lo que se demostró es que esta ciudad tiene hambre de hablar. Es el pilar fundamental de toda democracia: el contraste de pareceres, sin miedo, en público, con preguntas de los asistentes, intervenciones libres, exposición de argumentos… No se trata de “ganar” o “perder” sino de abrirse a nuevos puntos de vista, a razonamientos que nunca escucharás si sólo escuchas a “los tuyos”.
El auditorio de la Vieja Cárcel se quedó pequeño. De hecho, me escribió gente que no pudo entrar porque el aforo estaba completo y se quedó en la calle, algo que ante la expectativa creada era una posibilidad real porque además el local no es muy amplio (unas 140 butacas) pero que es un honor que se llenase hasta la bandera.
Creo que todos los asistentes estuvimos de acuerdo en que es importantísimo que estas cosas se compartan en público, en sitios participativos. Ya sé que hay un Pleno municipal donde se debaten las cosas, pero ahí sólo pueden hablar los partidos políticos (que ya sabes lo que van a decir antes de que abran la boca) y con unas reglas de juego muy parciales que le dan al Alcalde la posibilidad de decir lo que le venga en gana sin límite de tiempo mientras los concejales se tienen que callar.
De hecho, la única crítica que haría a la jornada de ayer es que tal vez debimos limitar los tiempos de preguntas de cada persona del público y nuestras respuestas (que alguna se alargó demasiado, también por mi parte, porque me gusta entrar en los detalles y eso lleva tiempo) y sé que hubo gente que se quedó con ganas de hablar.
Eso es lo fundamental que saco en limpio de ayer. Todos queremos hablar, a todos nos gusta exponer nuestros puntos de vista, ser escuchados… Es totalmente normal y sano, porque eso es lo que, sumado, compone la Sociedad, esa que escribimos con mayúsculas.
La experiencia fue enriquecedora para todos, también para mí, y ojalá se repita con otros temas.
No puedo terminar este artículo sin darle las gracias a Carmen Uz por su colaboración, a todo el personal de Alentum (la empresa gestora de la Vieja Cárcel), a Moisés (gracias al que podrán ver el tema en YouTube) y a Rubén Arroxo por acudir a la charla.
Habrá más.
Lugo y la oportunidad de su juventud: un espacio que la ciudad aún no ha sabido imaginar
ResponderEliminarLugo es una ciudad que roza los 100.000 habitantes, con una identidad marcada por su historia, su patrimonio y su calidad de vida. Sin embargo, hay una realidad cotidiana que rara vez ocupa titulares: la falta de espacios cubiertos, seguros y accesibles donde la juventud pueda simplemente reunirse.
En una ciudad con una climatología exigente durante gran parte del año, el encuentro social de los jóvenes se ve reducido, en muchos casos, a cafeterías o espacios privados como el Círculo de las Artes. Lugares valiosos, sin duda, pero insuficientes y, en ocasiones, excluyentes. La calle, que debería ser el espacio natural de convivencia, no siempre es una opción viable cuando la lluvia y el frío marcan el ritmo del día a día.
En este contexto, el edificio de la estación emerge como una oportunidad única. No solo por su localización estratégica, sino por su potencial simbólico: un espacio de tránsito que podría convertirse en un lugar de permanencia, de encuentro, de vida.
La idea es sencilla pero transformadora: crear un gran centro juvenil cubierto, abierto, seguro y polivalente. Un lugar donde los jóvenes puedan reunirse sin la obligación de consumir, donde puedan conversar, organizar actividades, asistir a pequeños conciertos, ver eventos deportivos o simplemente estar. Un espacio que reconozca una necesidad básica: la de convivir.
No se trata de una ocurrencia aislada. En ciudades europeas de tamaño y características similares a Lugo, este tipo de iniciativas ya son una realidad consolidada.
En Groningen, por ejemplo, se han desarrollado espacios juveniles multifuncionales que combinan cultura, ocio y participación, integrados en la vida urbana. La juventud no es desplazada a la periferia, sino situada en el centro de la ciudad.
En Aarhus, uno de los referentes europeos en políticas juveniles, el proyecto Dokk1 ha convertido un antiguo espacio portuario en un gran centro cívico donde conviven jóvenes, familias y colectivos culturales en un entorno abierto y dinámico
Más cerca, en Braga, se han impulsado equipamientos juveniles vinculados a la cultura y el deporte que han revitalizado zonas urbanas y generado nuevas dinámicas sociales.
Estos ejemplos comparten una misma filosofía: entender que ofrecer espacios dignos a la juventud no es un gasto, sino una inversión en cohesión social, en salud mental y en futuro.
Lugo tiene la posibilidad de dar ese paso. Transformar el edificio de la estación en un gran centro de reunión juvenil no solo cubriría una carencia evidente, sino que generaría un nuevo corazón social para la ciudad. Un espacio interior que podría complementarse con una gran plaza exterior, capaz de albergar desde un parque infantil hasta actividades culturales o incluso soluciones de movilidad como aparcamientos.
La clave está en la visión. En entender que las ciudades no solo se construyen con piedra y patrimonio, sino también con espacios de encuentro. Que la juventud no es un colectivo que deba adaptarse a lo que hay, sino uno al que hay que escuchar.
Porque cuando una ciudad ofrece a sus jóvenes un lugar donde estar, en realidad está construyendo un lugar donde quedarse.
Y Lugo, hoy, tiene la oportunidad de hacerlo.