| Viejos ordenadores. El de la derecha no es mío (ya me gustaría), pero los otros sí. Si tienen viejos equipos y piensan deshacerse de ellos por favor, avísenme antes de ir al punto limpio |
No es que sea un virtuoso de la informática en el sentido de saber programar o esas cosas, pero sí es cierto que me gusta mucho usar el ordenador para un montón de cosas y que, a nivel usuario, no tengo queja. Curiosamente me gustan más los equipos viejos que los modernos e incluso sigo jugando a las mismas versiones de algunos títulos que son del siglo pasado, literalmente hablando.
Todos tenemos nuestras manías. Por ejemplo, hace bastantes años le compré a Isma (de APP Informática en la Avenida de la Coruña – minutos publicitarios - si quieren una persona fiable vayan a hablar con él) un portátil Samsung. Es de los grandotes, de 17 pulgadas, y lo que más me gustó en su día es que se le pueden poner dos discos duros. Me sigue gustando. El ordenador es del año 2011 y sigue siendo, quince años después, mi “ordenador de cabecera”.
Hace relativamente poco me compré otro para sustituirlo. Un impresionante MIS i7, maravilloso, super moderno que lo flipas… y tras unos meses volví al Samsung del 2011.
Para lo que la mayoría de los usuarios hacemos (usar tratamientos de textos, hojas de cálculo, navegar en internet y, como mucho, usar aplicaciones tipo Corel Draw o cosas así) cualquier portátil de los últimos 20 años nos debería llegar de sobra. Sólo los juegos y la obsolescencia programada (el puñetero mensaje del Chrome de que usas una versión vieja) justifican andar cambiando de portátil cada poco tiempo.
Además, los viejos equipos tienen una ventaja enorme que creo que se deberá recuperar en breve: se les puede quitar la batería. Parece una tontería, pero no lo es. Mi viejo Samsung sigue con ella a pleno rendimiento porque nunca la uso y lo tengo enchufado salvo que lo lleve por ahí y necesite conectarme, cosa poco frecuente.
Me encantan la informática retro. Tengo algún portátil viejuno de los años 90 con su MS-DOS y su Windows 3.11 (“para trabajo en grupo”) que todavía uso de vez en cuando. De hecho, casi podríamos decir que colecciono viejos portátiles, porque no dejan de ser una de esas cosas nostálgicas que a uno le van emocionando cuando va cumpliendo años.
Así que voy a aprovechar este artículo para pedirles a mis queridos lectores que si tienen pensado llevar al punto limpio un viejo portátil, o incluso material informático de cualquier clase, antes de hacerlo contacten conmigo porque es probable que me encante acoger a sus viejos trastos y, lo que es más importante, los usaré.
Anímense. Ustedes se sacan del trastero informática obsoleta… y yo la disfruto.
Es lo que ahora se llama “Win win”.
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